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Tener al mejor jugador del mundo estimula, te puede hacer crecer, pero no siempre es suficiente cuando hay que retar a un equipo tan inmenso como estos Warriors que agregaron como factor de seguridad a Kevin Durant, un jugador capaz de inclinar la balanza aun frente a LeBron James. La final de la NBA se traslada hoy a Cleveland para el tercer juego, lo que supone ventaja de los Cavaliers como locales. Pero ¿qué importa que te encuentres en el patio de tu casa si no te sientes lo suficientemente armado y tu ánimo parece desfondado? Perder hoy sería catastrófico para los Cavaliers.

SERIAMENTE GOLPEADOS

El equipo de Tyronn Lue regresa a casa en pedazos. La diferencia a favor de los Warriors en los dos juegos realizados es de 41 puntos, 22 en la primera batalla y 19 en la segunda. Nada que discutir, con solo un período de los ocho disputados, ganado por los Cavaliers. Cuando ves a tu figura cumbre, LeBron James, con un triple doble de llamativas cifras, con aportes aceptables no descollantes de Love e Irving, con 27 y 19 puntos, empujando al equipo a 113 puntos, y aun así pierdes ampliamente, porque el rival con el ímpetu de Durant, Curry y Thompson te atropella, sientes la soga apretando tu cuello.

¿Se habrán percatado los Warriors de sus 20 pérdidas de balón o que Curry se quedó en blanco en el segundo período del juego 2? No lo creo. Ellos siempre dan la impresión de estar envueltos en un frenesí, con Durant en el ombligo de las arremetidas. En este punto, ¿qué hacemos con el recuerdo del 2016? Lo mejor imaginable es ver al equipo de Cleveland levantarse de la lona y meterse en la pelea. Para eso se necesita disponer de un buen banco y que tanto Love como Irving se agiganten.

UN EQUIPO DIFERENTE

En el segundo juego, los Cavaliers reaccionaron a desventajas de 10 y 12 puntos, para peligrosas aproximaciones en la mitad del recorrido. El problema es que la extensión de un juego es de 48 minutos y la fórmula Durant-Curry ha sido destructiva, consiguiendo ventaja hasta de 22 puntos, irreversibles. “Son un equipo diferente”, dijo secamente LeBron, refiriéndose obviamente al agregado Durant, de quien se está diciendo, obviando a Westbrook, Harden y Leonard, el número 2 de la NBA, solo detrás de James.

A ratos, el mejor jugador del planeta se ha visto frunciendo el ceño, decepcionado, queriendo golpear el techo y el piso, como consciente que todo lo que haga no es suficiente, y mirando a su alrededor en búsqueda desesperada de “algo más”, no lo vea. LeBron solo no puede hacer reversible esta serie, pero como hace un año espera una explosión del equipo como la de aquel tercer duelo, con los Cavaliers imponiéndose por 30 puntos (120-90) saliendo del hoyo. Ah, pero en ese tiempo los Warriors no tenían a Durant. Ese recuerdo, y jugar en casa, es estimulante.

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