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Por encima de la derrota que los mostró vulnerables, el favoritismo de los Warriors permanece intacto, pero se abrió espacio para preguntarnos: ¿Qué tan galvanizados están los Cavaliers después de esa actuación cumbre, evitando ser barridos, permaneciendo con vida, aunque siempre con la soga al cuello? El equipo de Cleveland, atrás 1-3 en la final de la NBA, está obligado a ganar los próximos tres juegos para no morir, y concretar una hazaña, solo posible en la imaginación, el gran soporte de la ficción.

LA EXIGENCIA ES GIGANTESCA

La tentación de lo imposible ejerce una poderosa atracción y se convierte en un factor estimulante sin medida, porque consigue un crecimiento espectacular, como el ofrecido por los Cavaliers en ese primer período del cuarto juego, juntando el vértigo, con la precisión y la contundencia, para alcanzar la cifra asombrosa de 49 puntos —con 16 de ventaja— estirada a 86 en la mitad de trayecto, también sin precedentes en postemporada. De esa forma, los de Cleveland se proyectaron hacia una estruendosa victoria 137-116, quizás lo necesariamente revitalizante para volver a responder hoy y meter el futuro de la serie entre un oleaje de intrigas.

Un total de 12 equipos han estado en ventaja 3-0 durante una final en la NBA y 8 completaron barridas, pero en ningún caso, esa diferencia ha sido borrada. El reto de los Cavaliers, aun considerando la inmensidad de LeBron James, capaz de hacerlo todo y eficazmente, más el resurgir de Kyre Irving y el aporte de Kevin Love, es gigantesco. Una proeza de ese tamaño, naturalmente golpearía en la nariz el planeta NBA. La última vez que los Warriors perdieron cuatro consecutivos fue en marzo del 2013, y hay que recordar que este equipo, antes de tropezar el viernes, habían ganado 30 de 31 juegos.

EL FACTOR PODERÍO FÍSICO

Aún distante de las puertas del paraíso, el técnico de los Cavaliers, Tyronn Lue, consciente que una elevación tan excesiva como la del tercer juego es improbable de repetirse en vista de los ajustes defensivos de los Warriors, que lograron reducir la producción de Cleveland en cada uno de los tres períodos restantes, sueña con una victoria de su tropa esta noche, confiando en ese poderío físico sostenido el viernes. Corriendo tanto como los de Golden State, prevaleciendo en las fricciones, con hombres capaces de estorbar las cabalgatas de Durant y Curry, apretar la serie 3-2 con el regreso de los Cavaliers a casa, modifica perspectivas. Es lo que los Warriors trataran de evitar.

Igual que hace un año, los Cavaliers están atrás 1-3 con ese inconfundible “olor a difunto”. Increíblemente, realizaron una remontada sin precedentes en finales. LeBron, crispado como siempre, debe pensar ¿por qué no volverlo a hacer?. Para los Cavaliers, cada partido de los pendientes, estará siendo disputado a la orilla del fin del mundo, para los Warriors, perder hoy los metería en una licuadora de complejidades. Hay que evitar eso, y es lo que pretende Steve Kerr, quien en 1997, ejecutó el tiro ganador de título para los Bulls, recibiendo de Michael Jordan.