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Juan Carlos Ramírez lució imponente en su apertura ante los Yanquis de Nueva York, cuyo principal bombardero, el estadounidense Aaron Judge, el “bambino” del que todos hablan en las Grandes Ligas y al que siguen todos los reflectores, fue incapaz de descifrar los envíos del meteórico lanzador nicaragüense.

Judge, que en 217 turnos al bate ha conectado 74 imparables, no pudo ligarle ni un solo cañonazo a Juan Carlos. La primera vez que se enfrentaron fue en el inning uno y con cuenta de tres lanzamientos malos y dos buenos, el artillero intentó conectar un slider de más de 90 millas por hora, pero le fue imposible chocar la pelota, convirtiéndose en el segundo ponche de la noche para JC.

Fue en el cuarto episodio que volvieron a verse las caras y otra vez el pinolero salió airoso del duelo contra el bateador de mayor peligro en el mejor beisbol del mundo. Ramírez obligó a Judge a conectar una línea al jardín derecho, que en gran parte no cayó por el enorme esfuerzo del patrullero Kole Calhoun.

El último choque entre ambos se produjo dos entradas más tarde. JC le pichó con cuidado al temible artillero y le regaló la base por bolas. De esta forma, Judge se fue de 2-0 ante Juan Carlos, que ayer mostró una de sus versiones más dominantes.

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Bateador de cuidado

Aaron llegó al encuentro con los Angelinos siendo el líder de los bateadores en Grandes Ligas con un promedio de .347 y el máximo jonronero con 22, pero ante Juan Carlos no pudo mostrar ni su capacidad de tacto ni el poder de sus muñecas, al contrario, fue reducido a un bateador común.

Judge, gran candidato a conseguir la triple corona en la Liga Americana y ponderado favorito para lograr el título de Jugador Más Valioso, fue autoritariamente frenado por Juan Carlos, quien le cortó una racha de tres partidos consecutivos conectando al menos un cuadrangular.