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Rescatándose a sí mismo después de un par de naufragios próximos a lo caótico, el derecho Juan Carlos Ramírez se mostró restaurado, como si estuviera saliendo de “La Última Cena” de Leonardo, lo necesariamente saludable y lo suficientemente galvanizado, congelando exitosamente el poderío fabricaestragos que ha caracterizado esta temporada a los Yanquis de Nueva York, fortalecidos por una exuberante juventud, ciertamente un divino tesoro.

APAGÓ FURIA YANQUI

El pinolero dejó atrás las 11 carreras permitidas producto de 18 imparables en los recientes 9 episodios y un tercio contra Gemelos y Tigres, estremecido por 4 vuelacercas, para retomar el nivel de dominio que ha conseguido al haber aprendido a combinar sus disparos, sacándole máxima utilidad a la destreza. Perdiendo 1-2 al finalizar el séptimo, no tuvo decisión Juan Carlos, pero logró redimirse volviendo a impresionar, como lo ha hecho en la mayoría de sus 12 aperturas con balance de 6-4, mejorando de 4.33 a 4.19 su efectividad, recorriendo seis entradas y dos tercios, su más largo trayecto en el mes de junio, admitiendo dos carreras, con cinco hits en contra y siete ponches.

El reto era llamativo. Durante una racha de seis victorias, la capacidad de destrucción de los Yanquis había sido escalofriante anotando 60 carreras y disparando 84 imparables, entre ellos 21 cuadrangulares, y colocando en la colina al veterano zurdo C. C. Sabathia, con cinco victorias consecutivas en sus recientes salidas, y promedio de 1.11 en carreras limpias atravesando por ese largo momento de inspiración. Ese es el tipo de exigencia, apropiada para engrandecerte cuando más lo necesitas. Y así lo tomó el nicaragüense.

EL MOMENTO CUMBRE

Fue clave el primer inning. Juan Carlos, haciendo uso de su sangre fría, sobrevivió a una enorme dificultad, dibujando un cero del tamaño del Arco del Triunfo en París. ¡Qué útil fue ese preciso viraje sacando out a Aaron Hicks, embasado por limpio hit al jardín derecho! Después del ponche abridor a Brett Gardner, el primer turno yanqui estaba en dos outs sin embasados. Ahora, Juan Carlos enfrentaba al explosivo novato Aaron Judge, quien aunque muy propenso al ponche, ningún pícher quiere encontrar ni en una sorbetería. El nica lo ponchó, pero la pelota escapó al cácher y en lugar de inning cerrado, Jugde se instaló en primera. El error del antesalista Yunel Escobar con un tiro alto sobre batazo de Matt Holliday facilitó dos hombres circulando, con Starling Castro, el quinto mejor bateador de la Liga Americana, frente al plato. Por favor, no parpadear, y Juan Carlos lo ponchó, dejando a los Yanquis con las manos vacías.

Un profundo agradecimiento a Eric Young Jr., quien forzó el empate 2-2 en el cierre del octavo, sacando de zona roja al pinolero y resolviendo más adelante el juego, y un reconocimiento a la forma como logró fajarse brava y eficazmente a Juan Carlos en un trabajo que lo redime, que nos tranquiliza y que restablece la confianza del mánager Scioscia que estaba agrietándose un poco.