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De pronto, como si hubiera sufrido un cambio de brazo, Erasmo Ramírez se ha convertido en un pícher vulnerable, distinto y muy distante de aquel que se mostró soberbio en el arranque de la temporada, acumulando un balance de 3-0 y una efectividad de 2.92 hasta su victoria del 24 de mayo sobre los Angelinos de Los Ángeles. Desde entonces ha bajado su nivel y tras la derrota sufrida ayer en el juego que los Tigres de Detroit le ganaron 13-4 a los Rays de Tampa Bay, su récord ha cambiado a 3-2 y su efectividad ha desmejorado a 5.17. No hay forma de negarlo, este no es el mismo Erasmo.

Siempre en el primero

El encuentro empezó como suele ser, cuando Erasmo Ramírez está en el montículo: sus rivales anotaron en el propio primer episodio. Esta vez el daño lo provocó un solo bateador, el peligroso Ian Kinsler, el mismo que el 20 de abril, el día que Erasmo venció a los Tigres en su primera apertura del año, le conectó jonrón y produjo la única anotación que Erasmo permitió en esa ocasión durante cinco episodios de labor. Ayer, abriendo tanda, Kinsler leyó a la perfección un cambio de velocidad de un poco más de 80 millas por hora (mph) y mandó la pelota a un viaje sin retorno, pintando el 1-0 inicial.

El panorama de estar abajo en el marcador sin haber sacado ni un solo out en el propio primer episodio no incomodó al pistolero rivense, que rápidamente se adueñó del encuentro y cerró la entrada dominando en roletazo al campo corto a Alex Ávila y ponchando de forma consecutiva al temible Miguel Cabrera y a J.D. Martínez. Luego, en el segundo inning, no permitió mayores libertades a la ofensiva de los Tigres. Dominó en elevado al jardín central a Justin Upton y en fly al izquierdo a Nicholas Castellanos, para después doblegar en rodado a la primera base a Alex Presley.

En la tercera entrada los Rays le mostraron su respaldo a Erasmo y empataron el juego 1-1. Tal apoyo fue correspondido por el nicaragüense, quien mantuvo en silencio a la brava artillería felina, dominando sin complicaciones a James McCann, a José Iglesias y a Kinsler, su verdugo en el primer inning.

Rompen el silencio

Después del jonrón en la madrugada del encuentro, Erasmo se robó el protagonismo del juego y retiró a nueve bateadores en fila, llegando al cuarto episodio con una apariencia de pícher indescifrable y con el marcador 2-1 a su favor. Sin embargo, de un momento a otro, como si el mundo de repente hubiera empezado a girar al revés, Ramírez se convirtió en una caricatura de lanzador y los de Detroit destrozaron su brazo derecho.

El primero de los Tigres en romper el silencio al que los había sometido Erasmo fue Alex Ávila, quien con un solo trancazo de vuelta entera empató la pizarra 2-2, marcando el inicio de lo que sería un bullicioso desborde ofensivo. Cabrera recibió pasaporte gratuito a la inicial y tras él aparecieron sencillo de J.D. Martínez, dobles seguidos de Justin Upton y Nicholas Castellanos, además de incogible de Alex Presley y elevado de sacrificio de James McCann, que modificaron el marcador a 6-2.

Pero eso no fue todo, en el cierre del quinto, Detroit montó otro operativo que sumergió a Erasmo en la frustración. Cañonazo de Ávila, doble de Cabrera y sencillo de Justin Upton cambiaron el marcador a 8-2. Acto seguido, Ramírez dominó a Castellanos y a Presley, pero el roletazo de este último lo obligó salir del juego dejando a dos corredores en circulación, que luego anotaron gracias a un error de la defensiva de los Rays. De tal forma que Erasmo permitió 10 anotaciones a Detroit, de ese total ocho fueron limpias. En definitiva, la de ayer fue una noche fatal. Seguro Erasmo no pudo dormir teniendo pesadillas con el bombardeo de los Tigres.