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Súbitamente, el planeta beisbol ha dejado de girar. Alguien se encuentra en erupción en la Gran Carpa tumbando verjas y amenazando marcas. Hay un montón de brazos amontonados entre escombros, consecuencia de los swings destructivos del novato de 22 años, Cody Bellinger, la nueva sensación de los Dodgers, quien se ha instalado encima de la realidad como un producto de la ficción. 

Disparando sus jonrones 20 y 21 contra el tirador de los Mets Zack Wheeler, el enfurecido Bellinger ha establecido un récord de rapidez, sembrando pánico: 21 jonrones en los primeros 51 juegos de la temporada y de su carrera. Sacado de las Menores por estar los Dodgers afectados por lesionados, Bellinger entró a un escenario para muchos perturbador y se agigantó de entrada, como si siempre hubiera estado ahí, como si ese pitcheo no tuviera secretos para un novato.

Como en un Derby

Según Bill Shaikin, el explosivo Bellinger está convirtiendo cada juego en un derby de jonrones. La facilidad de su swing, la captación de las costuras de las pelotas y el ruido de ese impacto en busca del más allá son inconfundibles. El pitcheo enemigo parece sencillo. Se poncha mucho, 65 veces en 193 turnos, pero eso no le quita asombro al impacto que provoca con un ritmo escalofriante. Solo dos jonrones menos que Aaron Judge de los Yanquis, quien ha estado en 15 juegos más.

En 1930, Wally Berger descargó 20 jonrones en 51 juegos, marca igualada el año pasado por el cátcher novato de los Yanquis Gary Sánchez. La furia inicial de Bellinger, ahora cuarto bate de los Dodgers, superó esos esfuerzos de poder y uno piensa que va por más, quizás, hasta llegar a ser el primer dodger de 50 jonrones. Shawn Green estableció la marca de la franquicia con 49 en el 2001. El reto obviamente es muy exigente, aun considerando que el ritmo de Bellinger de ser sostenido lo llevaría a 58 vuelacercas.

Frecuencia enloquecedora

“Pienso que es absurdo esperar una explosión de ese alcance”, dijo el mánager Dave Roberts, genuinamente impresionado, como lo estamos todos con Bellinger. Algo que le favorece al joven artillero, tres años menor que Judge, el de los Yanquis, es estar involucrado en una feria de jonrones. La frecuencia de pelotas volando sobre las verjas, enloquecedora, hace impredecibles las batallas por los lideratos de jonrones en cada liga. Hay seis bateadores de 20 jonrones y tres de 19 en los dos circuitos.

Naturalmente, el pitcheo está haciendo ajustes mientras lo estudia, y él también. Bellinger está familiarizándose con la astucia y la dureza que necesita el duelo mental lanzador-bateador, que es el corazón del juego, en busca de no decrecer como amenaza. Seguir sus huellas, junto con las de Judge, se ha convertido en la gran atracción, y lo estamos disfrutando.