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Sufrimiento, sacrificio y plusesfuerzo a la orilla de un llamativo y admirable cultivo de habilidades, reunidos en historias conmovedoras, caracterizan a muchas de las grandes figuras que en forma inagotable ha producido el futbol brasileño. Ahí están Leónidas, Ademir, Garrincha, Rivaldo, Ronaldinho y tantos otros, entre ellos Pelé, el rey que nunca fue príncipe, porque se instaló en el trono con apenas 17 años, todavía asustado de lo que podía hacer.

Infancia muy larga

Agradezco a Alejandra Leiva la invitación para ver la presentación de la película “Pelé”, que estará en cartelera a partir del 29 de junio. Me pareció estupendo lo que vi sobre su infancia, la dureza de vida que atravesó mientras soñaba, como creció y se desarrolló saltando sobre innumerables dificultades, como lo hacía el legendario Renaldo Nehemiah en los 110 metros con vallas. La película confirma que en deportes sin sufrimiento no hay heroísmo, y sin potencial no hay grandiosidad. Su parte dramática, aunque innecesariamente extensa, está muy bien lograda, y atrapa.

Cuando vamos a ver la vida de Pelé en pantalla, esperamos tener lo suficiente sobre cómo se hizo futbolista el mejor de la historia, pero esperamos más, mucho más, de su grandeza deportiva. Esa es realmente la gran atracción, y extrañamente la gran historia fue recortada. Se concentró lo deportivo en el Mundial de Suecia, su primera copa, la primera de Brasil en su historia, y se quedó debiendo el “más allá”, que permite dimensionar su grandeza. Nunca esperé encontrarme con la palabra “Fin” celebrando la victoria por 5-2 sobre Suecia.

Mucha magia engavetada

¿Y los mundiales siguientes? La fractura en Chile 62, otra fractura en el Inglaterra 66, cómo salió a jugar contra Portugal, el regreso estruendoso a la cima en México 70 con el tricampeonato, su retiro de la delección antes del Mundial del 74, su utilidad para convertir al Santos con solo brasileños en el mejor equipo del mundo por encima de los europeos, el ruidoso aterrizaje en el Cosmos de la liga de Estados Unidos, aquel retiro emocionando al planeta en el estadio de Nueva Jersey, y la obvia obligación de ofrecer lo mejor de sus joyas, todas bañadas de realismo mágico.

Todo eso quedó inexplicablemente engavetado. Falla de la producción, sobre todo, porque incluso en lo referente al Mundial de Suecia, que casi no lo juega, no por ser muy joven e inexperto, sino por estar intentando recuperarse de una lesión contra reloj, no se presenta en su debut frente a Rusia, en el tercer juego de Brasil, equipo descartado entre los favoritos por sus antecedentes trágicos y su discreta actuación frente a Inglaterra, en un empate sin goles y sin ningún brillo, la conexión que consiguió con Vavá, asistiendo uno de los dos goles del poderoso centro-delantero, y que le garantizó entre las dudas de Feola, la titularidad contra Gales en cuartos de final.

El gol a gales, primera perla

En la fase de muerte súbita, un gol del chavalo le facilita a Brasil imponerse 1-0 a Gales y continuar a semifinales. Ese fue uno de sus momentos cumbres, no presentado en la película. Sí se ocupan de los tres goles contra Francia provocando deslumbramiento, y los dos frente a Suecia en la final, aunque pienso que hubiera sido formidable presentar las imágenes reales para que el público pudiera apreciar la multiplicidad de recursos y el atrevimiento del chavalo. Todo montaje tiende a confundir porque queda la impresión de estar exagerando.

Admito lo difícil que es la vida de Pelé en menos de dos horas, pero el arte de la síntesis para no perder detalle remarcable, algo que también le hizo falto a “Ali” con Will Smith, dejó amputada la historia del Rey del Futbol. Hasta el 58, muy buena, y lo que hizo “más allá” quedó como patrimonio de nosotros los viejos que crecimos maravillados por Pelé.