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Duele ver desvanecerse la posibilidad de un No Hitter, aunque el pícher afectado, como es el caso de Max Scherzer, de los Nacionales de Washington, haya conseguido dos previamente. En la inmensidad que alcanzaron en la colina de los infartos, Steve Carton, Roger Clemens y Greg Maddux, no se encuentra la proeza de un juego sin hit ni carreras. Al retirarse, cada uno de ellos sintió como si les hiciera falta un brazo, o dos, como la estatua de la Venus de Milo que resplandece en el Museo de Louvre en París. Eso facilita graficar lo mayúsculo de la dificultad.

Al terminar el octavo episodio, con la pizarra 1-0 a favor de los Nacionales, Scherzer, un tirador derecho de casi 33 años, era un artista golpeado por la frustración, chupando la médula de un hueso roto. Descendiendo de la proximidad a lo grandioso, se preguntaba a la orilla de la fatalidad ¿cómo fue posible dejar escapar su tercer No Hitter, después de sacar el primer out del octavo inning frente a los Marlins sintiéndose tan fuerte, dominante e inspirado? Constructor de dos No Hitters en la temporada del 2015, Scherzer fue víctima de un hit dentro del cuadro del receptor A. J. Ellis, casi inadvertido en el cajón de bateo. La pelota golpeó el guante del pícher y se desvió hacia el short Trea Turner, quien no pudo realizar la jugada de salvamento, y el No Hitter se esfumó. Scherzer frunció el ceño, mordió un trozo de aire, y mientras se escuchaba el rechinar de sus dientes, se le hundió el piso.

De pronto, la oscuridad

Scherzer eliminó a Readle obligándolo a roletear mientras el corredor emergente Ureña, avanzaba a segunda, territorio desconocido para los Marlins, que disponen de grueso cañoneo con Stanton, Ozuna, Bour y Yelich. Con dos outs, el derecho tenía que esforzarse en asegurar ese cero en busca de su novena victoria, y el blanqueo. Un error del primera base Adam Lind sobre batazo de Realmuto, permitió hombres amenazantes en las esquinas. ¡Cómo presiona la pequeñez del 1-0 cuando el temor de perderlo todo, te araña el brazo! Scherzer golpeó a Dee Gordon y las bases se llenaron. No hubo forma de espantar la fatalidad. Con el temible Giancarlo Stanton al bate, un wild pitch empató el juego anotando Ureña y extendiéndose Realmundo y Gordon a segunda y tercera. Estocada de Stanton a un pitcher aturdido, empujó la carrera de la ventaja, que decidió la batalla 2-1 a favor de los Marlins. Todo estaba consumado.

Los 23 mil aficionados reunidos en el parque de Miami, no lo podían creer. Tampoco Scherzer quien se acercó tanto a la proeza por tercera vez en su carrera, solo para quedar tan lejos. Silenciados en el inicio del noveno, los Nacionales, sobre todo Lind por su error, no querían volver a ver hacia Scherzer, abrazado a la soledad. ¡Qué importaba que las dos carreras de los Marlins fueran sucias!