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Tras presentar una identidad desconocida en sus últimas cuatro aperturas, Erasmo recobró ayer su personalidad dominante, mostrándose como ese pícher de control admirable y de efectividad respetable que había sido en el arranque de la temporada. Ante los Rojos de Cincinnati, a quienes los Rays de Tampa Bay vencieron 8-3, el rivense consiguió por fin su cuarta victoria del año, mejoró su efectividad de 5.17 a 5.01 y con los seis ponches que propinó llegó a 401 en su carrera como lanzador de Grandes Ligas. 

En cinco innings y un tercio de labor solo permitió dos carreras limpias, admitió dos imparables, entre ellos un jonrón, y otorgó tres bases por bolas, mostrándose recuperado tras el caos vivido en su apertura previa ante los Tigres de Detroit, quienes lo sometieron a un castigo implacable.

Todo fue distinto

Desde el principio todo fue diferente, el fantasma del primer episodio fue anulado, así como los tres primeros bateadores de Cincinnati. Billy Hamilton falló en rodado a la segunda base, Scooter Gennett bateó un elevado al jardín izquierdo y el peligroso Joey Votto, que llegó al juego con un promedio de .307 y con la intimidante cifra de 19 jonrones, se ponchó tirándole. 

Ese fue tan solo el inicio de la que más tarde sería una salida de calidad. Erasmo subió al montículo en la segunda entrada y su brazo derecho, evidentemente revitalizado tras ser duramente castigado en sus trabajos anteriores, lució humeante. La tanda alta de los Rojos desfiló de forma tímida ante los envíos del pinolero, quien dominó en roletazo al pícher a Adam Duvall, en rodado a las paradas cortas a Eugenio Suárez y en línea a la tercera a Scott Schebler.  Ramírez estaba siendo contundente desde la loma y parecía no haber forma de contrarrestar la efectividad de sus disparos. 

La tercera entrada no fue más que la continuación del concierto de dominio que Erasmo estaba ofreciendo en el Tropicana Field. Aquello parecía un desfile de inofensivos bateadores ante la frialdad de un lanzador imperturbable. Los últimos tres de la alineación de  Cincinnati fueron reducidos a la inutilidad por Erasmo, victimario de Devin Mesoraco, Jese Winker y José Peraza, dos de estos eliminados por la vía del ponche. 

El pistolero rivense llegó al cuarto episodio con una confianza casi insuperable y no era para menos, pues había dominado sin complicaciones a sus primeros nueve adversarios. Por lo hecho en las tres primeras entradas, la conclusión era que difícilmente lograrían descifrarlo. Sin embargo, la racha de bateadores retirados en fila se le acabó en el inning 4, cuando le otorgó base por bolas a Hamilton y a Votto, sin que los Rojos pudieran hacerle mayor daño. 

Bambinazo de Schebler

Fue hasta la quinta ronda que los de Cincinnati lograron marcar su primera anotación, para lo cual bastó un swing de gran violencia de Scott Schebler, quien depositó la pelota al otro lado del jardín central. Erasmo soltó una bola rápida de dos costuras a más de 90 millas por hora (mph) y Schebler la conectó con tal contundencia que la mandó a las graderías, acercando a su equipo 3-1 en el marcador. Fue el único daño que pudieron hacerle al nicaragüense, quien cerró el episodio doblegando de forma consecutiva a Mesoraco, Winker y Peraza. 

En la sexta entrada, tras conseguir su sexto ponche del juego ante Billy Hamilton, Erasmo recibió sencillo de Scotter Gennett y le dio transferencia gratuita a Joey Votto, el último bateador al que enfrentó. En su relevo apareció Jumbo Díaz, quien luego de sacar el segundo out le dio base por bolas a Eugenio Suárez, permitiendo que las almohadillas se llenaran. Fue entonces cuando lo reemplazó José Alvarado, quien antes de sacar el último out fue víctima del imparable remolcador de Schebler que puso el juego 3-2. No sería este el marcador definitivo, pues la ofensiva de los Rays se desbordó y estableció la pizarra final en 8-3.