•  |
  •  |
  • Edición Impresa

Viendo moverse graciosa y destructivamente a Russell Westbrook sobre el arcoíris de lo fantasioso a lo largo de una temporada realmente deslumbrante, me preguntaba sentando en la cima de la montaña de los asombros: ¿cómo describir lo indescriptible? Conquistando el título más valioso 2016-2017, en el exageradamente competitivo “campo minado” de la NBA, pese a la presencia amenazante de James Harden, con Kawhi Leonard a la orilla, también en pie de guerra, el electrizante Westbrook se elevó por encima de la galería de monstruos en el mejor momento de su carrera.

Siempre figura cumbre

Líder en porcentaje de anotación con 31.6 y quebrador de la marca de 41 triples dobles en poder de Oscar Robertson desde 1962, después de haber dejado atrás los 31 de Wilt Chamberlain, el más grande canastero que ha existido, Westbrook fue en todo instante la figura cumbre del show durante la campaña, y aunque sin acompañamiento, ofreció pruebas fehacientes de su efectiva multiplicidad, registrando tres triples dobles en los cinco partidos de la fase eliminatoria contra los Rockets, incluyendo una actuación de 51 puntos, quedando al borde de concretar un cuarto en el último juego, resignándose a 9 asistencias. 

Un año antes, en el 2016, la combinación Westbrook-Durant, funcionando en Oklahoma, colocó a los fantásticos Warriors, ganadores de 73 juegos en la temporada, cifra récord, contra la pared, en desventaja 3-1. El planeta NBA se detuvo frente a lo increíble para frotar sus ojos y tomar un baño de agua fría. Los Warriors se reagruparon, se revitalizaron y se impusieron en los últimos tres juegos de esa final de Conferencia, para salir del hoy, solo para caer de la misma forma “robo de botín”, frente a los Cavaliers del feroz LeBron.

Proyección huracanada

Desde la incomodidad de estar en un equipo “clase media” en la Conferencia del Oeste de la NBA, como lo fue el Thunder en este 2017, Russell Westbrook consiguió una proyección huracanada, haciéndonos penetrar en el ámbito de otra época. Nacido en 1988, Westbrook no pudo ver jugar a Robertson, estrella de los Royals de Cincinnati y los Bucks de Milwaukee, y tampoco a Wilt Chamberlain, siempre agigantado encima de los recuerdos imperecederos que continúan emocionándonos.

Y pensar que en el 2012 estuvieron juntos en Oklahoma, Durant, Westbrook y Harden, este último como el mejor sexto hombre. ¿Se imaginan en estos momentos lo demoledoramente funcional que sería ese tridente? ¡Uhhh!... Pero Durant salió de Oklahoma y fue hacia los Warriors persiguiendo el banderín, en tanto Westbrook quedó solo y se abrazó a la grandiosidad de una temporada, quizás irrepetible.