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¡Se quebró la Copa Confederaciones! Portugal, el campeón de Europa, ha sido decapitado por el arquero de las certezas, Claudio Bravo, quién detuvo tres penales consecutivos con una intuición manejada con precisión, mientras Cristiano, el temible pistolero, seguro ganador del Balón de Oro 2017, poco incidente en el juego, quedaba al margen de la cuartilla sin poder apretar el gatillo, tragándose una lágrima invisible. Las estocadas de tres mosqueteros, Arturo Vidal, Charles Aránguiz y Alexis Sánchez, fueron mortales estableciendo el 3-0 en la definición por penales. De esa forma, el equipo luso, ligeramente favorito en los cálculos previos a avanzar a la final de la Copa Confederaciones, quedó descartado después de atravesar por ese laborioso y angustioso 0-0, estirado por 120 minutos, con un cierre de intensa presión por parte de Chile, el campeón de América.

Difícil hablar de mayores méritos en un juego de alternativas, a ratos frío, a ratos fuera del congelador pisando un poco el acelerador sin ir a fondo, necesitado de más creatividad en las transiciones para multiplicar proyecciones con verdadera profundidad, en algunos momentos trepidantes como en el inicio y final de juego con una oportunidad de oro para cada equipo, en otros, cerca del aburrimiento por jugar a la nada, con más posesión de Chile y menor interés en ese aspecto de Portugal. Al ver lo que pasó en los penales, con Bravo, agigantándose después de una temporada navegando en la inseguridad, señales de declive y subestimación, pienso que el mejor final imaginable lo hubiera proporcionado el zapatazo de Vidal, con rotación envenenada que devolvió el poste derecho, antes del intento que realizó Martín Rodríguez con pierna alta y rebote en el travesaño.

CLARO PENAL, NO COBRADO

Chile se desvanecía después de avanzar tres cuartos de cancha con mejor manejo, en tanto Portugal generaba mayor peligro en sus incursiones pero sin poder resolver. La equivocación del árbitro Faghani ocultando un claro penal cometido por Fonte sobre Francisco Silva, fue una puñalada para Chile, quien no se detuvo frente al muro de los lamentos, sino que regresó a su tarea, mantener lo más posible bajo control a Cristiano, sobre todo en sus movimientos sin balón en el área, incluyendo sus rápidos giros seguidos de remates, robándole capacidad de agresión y buscar cómo sacarle provecho a esa claridad de panorama para establecer conexiones que caracteriza a Alexis. Interesante pero no electrizante, quizás una definición apropiada para el juego colocado sobre el tapete.

Cristiano contra Alexis, el duelo de la Copa Confederaciones​

Mas allá de los penales, esa maniobra chilena en el minuto 119, con Vidal rematando al poste después de recibir de Francisco Silva y Rodríguez consiguiendo insistir frenado por el travesaño, fue lo más recordable del duelo y lo que hace considerar a Chile, como el justo vencedor, sin necesita de esgrimir su casi 60 por ciento de posesión del balón. Las ejecuciones desde los doce pasos ejecutadas por Vidal, máximo de potencia y gran precisión, Aránguiz y Alexis, con menos explosividad pero la misma efectividad dejaron atrás a Portugal 0-3, estrangulado por las lecturas acertadas del arquero Bravo, sobre los disparos algo temerosos, de Quaresma, Motinho y Nani, este último casi un screwball bien fildeado. ¡Ah, si Cristiano hubiera disparado primero, el componente emocional habría sido otro! Pero eso ahora es una especulación sin pies ni cabeza. Como canta José José, lo pasado, pasó.