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Lo siento por Chile. Jugó muy bien, se entregó a fondo, peleó con desesperación a corazón abierto, dispuso de cuatro y hasta seis situaciones claras, pero como casi siempre, ganó Alemania, sacándole máximo provecho a un error de tres pisos cometido por Marcelo Díaz en el minuto 20, perdiendo un balón en la frontal con dos alemanes acosándolo, Werner y Stindl, este último asestando la estocada. El arquero Bravo, sin nada que poder hacer, se sintió tan desarmado como en un campo nudista, y Alemania, en apenas su segunda llegada, marcaba el único gol de un juego que fue intenso, excitante, y constantemente imprevisible, proporcionando un gran cierre en la Copa Confederaciones.

En Río en la final de Copa 2014, fallaron Higuaín y Messi por Argentina, pero no Goetze; hace unos días en Polonia, final sub-21, fallaron Saúl y Asensio por España, pero no Weiser; ayer en San Petersburgo, fallaron por Chile, Vidal, Aranguiz y Sagal frente a Ter Stegen, pero no Stindl. Tres triunfos resonantes 1-0 disputando títulos. Siempre Alemania puño en alto, en un lado del muro, mientras en el otro, los del resto del mundo, ahogándose en los lamentos de lo que pudo haber sido y no fue.

Seleccionador de Chile: El gol de ellos modificó el estado de ánimo

Fiereza chilena sujetada

Chile saltó al terreno a defender su mayoría de edad futbolística, abrillantando el carnet que lo identifica como parte de la elite actual, y lo logró plenamente. Más allá de lo que dicen las estadísticas con el 65 por ciento de posesión chilena, ventaja de 19-8 en remates y 8-3 a puerta, con 2 salvadas de Bravo y 8 de Ter Stegen, el Campeón de América salió a mostrar su futbol, a fajarse sin complejos ni inhibiciones, a buscar la victoria rechinando los dientes. La grandeza de Alemania es que ningún tipo de amenazas parece afectarla. Se tiene una fe bárbara en su frialdad, en su dureza, en su capacidad para contragolpear, y sobre todo en apretar tuercas conservando un resultado. Es lo que hizo ayer. Los alemanes son los reyes del futbol.

¡Qué hermosa y llamativa, aunque no lo necesariamente efectiva, fue la agresividad desplegada por Chile desde el propio inicio! Sus hombres salieron de las trincheras y se volcaron sobre el área germana manteniendo crispado a Ter Stegen, el arquero del Barsa, calificado como el Más Valioso del juego en reconocimiento a su incidencia funcionando a ratos como hombre araña. Tan cerca estuvo Chile de abrir el marcador, que el gol en contra hizo creer que la ley de la gravedad había dejado de funcionar. Chile se sintió en el vacío. Todas las miradas fueron hacia el aturdido Marcelo Díaz.

Alemania grita, juega y mata

Un error sin borrador

¡Cómo fue posible que perdiera esa pelota si no la estaba manejando en un pantano! Supuestamente tenía espacio y tranquilidad, pese a la proximidad de dos “cocodrilos”, pero olvidando que podía entregar a Bravo, se enredó, sintió que se lo tragaba la tierra, y el mundo se oscureció para él y para Chile. Dos contra uno, primero frente a Díaz y de inmediato frente a Bravo, Alemania no perdona, aunque más adelante malogró un par de oportunidades doradas para ampliar. De Werner a Stindl, y a las redes. No parecía definitivo, pero finalmente lo fue.

Chile no bajó la guardia, ni perdió impulso, siguió galvanizado buscando el empate hasta en el último instante, y casi lo consigue por medio de Sagal, quien entró por Aranguiz, y le pegó buscando cómo abrir las puertas del cielo. Esa fue la última oportunidad para la tropa de Pizzi. Alemania, con esa firmeza que la caracteriza y esa frialdad que le permite resolver las mayores complicaciones, se impuso 1-0, haciendo lo necesario, sin excederse, neutralizando el show chileno. Desde el otro lado del muro que ha levantado, con un equipo de jóvenes en proyección, Alemania se mostró como el gigante que es en el futbol mundial. Se puede lamentar la derrota chilena, pero no discutir el triunfo germano.