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Nunca conoceremos los números reales de Yulieski Gurriel como big leaguer. El formidable cubano, hijo de Lourdes, aún con brillo que mostrar, pero sin la intensidad que debería tener de haber quebrado el cascarón a tiempo, abrazado a una juventud exuberante y un futuro sin medida, ha cumplido 33 años después de debutar en el 2016 con los Astros de Houston, apareciendo en 36 box scores. Pudo salir antes en persecución de gloria deportiva, quizás sin darle tanta importancia a la fama y la fortuna, pero esperó y esperó, quizás pensando como Félix Isasi y tantos otros peloteros cubanos de enormes proyecciones, que preferían el cariño de más de 10 millones de aficionados en la isla.

Convertido en una de las piezas importantes del engranaje de los Astros, en estos momentos el mejor equipo de las Mayores, con “cara” de postemporada, Yulieski, simplificado “Yuli”, fue decisivo en las dos victorias sobre los Yanquis el fin de semana, una de ellas con un “robo de botín” a última hora en una situación de intenso dramatismo. Los Astros perdían 6-5, y con corredores en primera y tercera en el cierre del octavo. Necesitado de un out urgente, el mánager Joe Girardi utilizó su mejor pistola, el temible cubano Aroldis Chapman, tirador de 100 millas o más, para enfrentar a Gurriel, quien se había volado la cerca en el quinto episodio impulsando par de carreras.

Fuego y candela

Momento cumbre del juego y lo que era un impensable duelo de cubanos en aquel 2010, cuando Chapman, cuatro años menor que Gurriel, debutó con los Rojos de Cincinnati, se convirtió en algo real. El lanzamiento humeante de Chapman nunca llegó al guante del receptor Austin Romine. El swing veloz y preciso de Yulieski, deslizándose a través de esa mirada de lince que conserva cuidadosamente, golpeó la pelota en la nariz. El sonido del choque que produce la madera con el cuero, siempre estremecedor, seguramente se escuchó con caridad. Chapman cerró sus ojos y Gurriel los agrandó. La pelota se movió aceleradamente sobre un trazado luminoso hacia el rincón del jardín izquierdo y el doble impulsó par de carreras, dándole vuelta a la pizarra. “Lo siento Aroldis”, decía Yulieski silenciosamente mientras zumbaba alegremente hacia la segunda base. Los Yanquis perdieron 7-6, y al día siguiente, los Astros volvieron a imponerse con Gurriel siempre encendido.

¿Cuántas historias de estas quedaron engavetadas en el cofre de las especulaciones? Cierto, Chapman está recorriendo un contrato que le asegura por cada uno de los próximos cinco años 17 millones, en tanto Yulieski recibirá 14 en este 2017. Estoy seguro que ellos no han perdido el cariño de millones de cubanos y les proporcionan la satisfacción de su grandeza deportiva. No sé si Félix Isasi tuvo tiempo de ver ese duelo del sábado. ¡Cuánta emoción lo hubiese cobijado!, pensando quizás, ya lo pasado, pasó. Se lo llevó el viento. No hay tiempo para lamentos.