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Como la mayoría, mientras escucho, leo, trato de ver y comprender sin llegar a golpear la pared con mi aturdida cabeza en un acto de desesperación, he estado largo rato sin entender lo que ocurre alrededor de Román “Chocolatito” González. Menos mal que hasta hoy, ha sido una confusión sin afectación para él, que ha seguido siendo el peleador más difícil de vencer, dueño de un boxeo muy flexible, poco visto en estos días, con el atrevimiento para hacer propuestas con riesgo y resolver problemas, consistente recibiendo y firme golpeando con frecuencia desde diferentes ángulos y distancias. Más allá del fallo distorsionado en su último combate.

Ha existido un temor

Tenemos rato de estar discutiendo casi todo lo que aparece en su entorno: el manejo del Dr. Carlos Blandón como representante; la capacidad de Arnulfo Obando para adiestrarlo, tanto que tratar conseguirle un entrenador se convirtió en una exigencia; la presencia familiar intentando establecer un balance de factores pro y contra; en fin, hasta muchos aspectos de su comportamiento. Aún coexistiendo con esas dificultades de todo tamaño, Román continuó su avance moviéndose entre lo grandioso, hasta llegar a ser calificado el mejor libra por libra en el siempre convulso planeta boxeo. Así que, sigilosamente, de alguna manera, la confianza siempre estaba ahí, imperturbable.

Sin embargo, siempre existió un temor por la alteración, no solo del sistema nervioso sino del manejo global. Es por eso que resulta tranquilizante que después del despojo que le hicieron quitándole el invicto y la corona de las 115 libras, aparezca en pantalla Akihito Honda tomando las riendas y espantando fantasmas, seguramente por considerar que es el momento oportuno para hacerlo. Pienso, posiblemente en coincidencia con ustedes: ¡Ya era hora! Resulta saludable ver eso mientras se acerca la revancha con el tailandés Rungvisai, cuyo resultado será de gran incidencia para su futuro, con Román necesitado de la mayor estabilidad emocional posible y adecuada preparación. 

No más, ahí está honda

Hace unas semanas, el peleador dijo públicamente que su relación con el Dr. Carlos Blandón, quedaba reducida a la amistad, indicando con claridad, que la conexión representante-boxeador quedaba inutilizada, sin embargo, como si ese episodio nunca hubiera ocurrido, Blandón ha seguido funcionando sin sigilo… Al fallecer Arnulfo Obando, un entrenador que estuvo siendo cuestionado pese a que Román seguía derrotando rivales, pero quien se vio cubierto de los elogios más encendidos, y The Ring lo nombró Entrenador del Año, se nombró al preparador físico Wilmer Hernández como nuevo responsable, trabajando a tiempo completo con Román para el combate con Rungvisai. No había por qué culparlo de los cortes, ni del mal fallo.

Después de dejar correr el tiempo un poco, se informa el retiro de Hernández y el nombramiento del japonés Sendai Tanaka, por recomendación del señor Honda. Esto aplica una nueva vuelta de tuerca en el equipo de Román. Es posible, que preocupado por lo que estaba viendo, y aplicando apropiadamente sentido de la anticipación, Honda haya decidido colocar las responsabilidades en el lugar correcto y tomar las riendas unilateralmente, seguramente advirtiendo al peleador. ¡Ya era hora!