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 El revés que sufrió la selección de futbol de Nicaragua ante su similar de Martinica (2-0), en el debut de ambas en Copa Oro, colocó al equipo pinolero en una situación adversa, estadísticamente hablando, dejándolo en la última posición del grupo B, el cual comparte con Estados Unidos y Panamá. Sin embargo, la derrota no solo resintió anímicamente a los jugadores y al cuerpo técnico de la selección Azul y Blanco, también golpeó severamente la credibilidad de muchos de sus fanáticos, algunos de los cuales ya hablan de fracaso.

Pese a que los números otorgan o niegan premios, como es el caso de la tropa pinolera, que permanece en el sótano de la clasificación como consecuencia de su derrota, todavía dispone de dos partidos, ante Panamá, este miércoles (4:30 p.m.), y contra Estados Unidos, el próximo sábado, para lograr el resultado más complejo de conseguir en el deporte: un triunfo moral, el que muchas veces se usa como termómetro para medir el nivel meramente deportivo de un sujeto o en este caso de una selección. 

Y es que el fracaso tiene límites, eso lo entienden los futbolistas y el estratega Henry Duarte, que para el duelo ante los canaleros se han propuesto como objetivos lograr un triunfo que los meta en la pelea por avanzar a segunda ronda, pero sobre todo, exhibir una mejor imagen que la dejada ante los caribeños. La Azul y Blanco necesita cuanto antes recuperar el juego vistoso que ha cautivado a sus seguidores en los últimos dos años y que como recompensa les ha permitido vencer a rivales de la categoría de Jamaica y Haití.

La selección panameña, que en 2009 despidió a los pinoleros de la Copa Oro con una goleada por 4-0, se muestra no menos fuerte que aquella de hace ocho años; sin embargo, la evolución futbolística de Nicaragua es sustancial respecto al discreto nivel que lucía hasta antes de que Henry Duarte tomara las riendas del equipo. Hay razones suficientes para considerar que seremos testigos de un juego disputado, abierto a la posibilidad de que la tropa nicaragüense ofrezca por primera vez en este torneo su mejor versión.

Barrera, el líder

Juan “Iluminado” Barrera y Daniel Cadena, que no pudieron disputar el desafío ante Martinica por sanción, hablaron de “impotencia” al ser testigos desde las gradas del Nissan Stadium, en Nashville, del desmoronamiento moral y futbolístico que sufrió la selección nicaragüense. Mañana, ambos elementos podrían saltar al campo del Raymond James Stadium, en Tampa, con el deseo de contribuir en la tarea de presentar las verdaderas cartas credenciales de la Azul y Blanco en este torneo.

Si la ausencia del central Jason Casco, quien se perdió la Copa Oro por lesión, es difícil de digerir, la del “Iluminado” dejó un vacío en ataque imposible de rellenar. Para fortuna de los pinoleros, el capitán y líder indiscutible del grupo se encargará de llevar la voz cantante en ataque, con la contribución de Daniel Cadena en labores de medio de contención, recuperando y repartiendo balones a la delantera. La asignatura de Barrera va más allá de marcar goles o poner pases para gol: es el jugador llamado a contagiar al equipo de buenas vibras.

A diferencia del desafío ante los caribeños, Nicaragua llega al duelo contra los panameños con los pies hinchados y con la estafeta de “no favorito” a vencer, que viéndolo por el lado positivo le quita presión al grupo y evita que llegue con exceso de confianza. Es buen momento para que aparezcan en todo su esplendor Lorente, Copete, Marlon López, Cadena, Galeano, Quijano y compañía, a sabiendas de que un empate o un triunfo sobre su rival en turno e incluso un revés por la mínima, pero dejando una buena imagen en términos de creatividad y empuje, sería gratificante emocionalmente, como lo fue ante Bolivia el pasado 7 de junio, cuando a pesar de caer 3-2, dejó la sensación de haber ganado por la calidad del futbol exhibido.    

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