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Escucho lamentos rebotando en las paredes después de las tres derrotas del futbol pinolero en la Copa Oro, un torneo discreto que pocos toman en serio, pero para nosotros, que buscamos la mayoría de edad, de tacón alto. No haber podido escalar el siguiente peldaño, es que el esfuerzo que se está realizando necesita de “algo más”, pendiente de ser conseguido, pero en modo alguno un fracaso que niegue el proceso evolutivo que maneja el competente técnico costarricense Henry Duarte.

Esa precipitación

¿Cómo es posible que coloquemos el futuro de nuestro futbol bajo sospecha, o peor aún, sentirnos decepcionados por no saber medir el avance? ¡Diablos! Somos novatos hasta en fanatismo, y eso provoca sensaciones distorsionadas, fabricándole exigencias a un equipo todavía pequeño como es nuestra selección de futbol, merecedora del reconocimiento por el esfuerzo realizado tratando de abrirse paso entre dificultades.

El fanatismo excesivo, casi siempre afectado por la ceguera, vive abrazado a la precipitación, y cuando siente que es golpeado en la mandíbula, sus rodillas flaquean y se derrumba entre la desilusión. ¿Quién fijó cuántos peldaños ha ascendido el futbol pinolero sin haber atravesado las pruebas necesarias? Hay recuerdos recientes estimables e imperecederos como las demostraciones frente a Jamaica y Haití, pero seguimos dependiendo de lo sorprendente.

Progreso indiscutible

Todavía no tenemos el equipo de rendimiento estable que Duarte sueña y nuestra imaginación se apresura en darle forma alrededor de un fanatismo novato. Eso toma tiempo, y debemos estar claros. Me atreví a decir en Doble Play, antes de ponerse en marcha esta Copa Oro, que aún sin ganar juego, y hasta sin anotar gol, el progreso del futbol nicaragüense, con mejor manejo del balón, ideas más claras, planteos más apropiados y mayor confianza en su funcionamiento, no podría ser abollado, mucho menos negado.

Obviamente no tenemos un Aquiles ni un Ulises. No lo son Barrera ni Cadena, ni Copete, ni Chavarría. Son jugadores en crecimiento que estamos disfrutando mientras el nivel de competencia en eventos internacionales mejora, pero lentamente. El fanatismo novato nos impulsa a considerar a Barrera imparable, a Copete invulnerable, a Chavarría indescifrable en sus maniobras y Cadena incontrolable en sus gestiones de conexión. No, no es tan fácil por que “los otros” también juegan, estorban y tienen sus pretensiones.

No es un mayorga

La actuación de Lorente ha sido excitante y sublime, y nos impulsa nuevamente hacia el fanatismo novato. Después de haberlo intentado en Costa Rica y regresado al Estelí, no ingresó en la notoriedad. Su actuación fue cumbre, pero sin recortar un milímetro sus méritos en esta Copa Oro, ¡cuidado con las exageraciones producto de las instantáneas recientes! No es un Mayorga, ni un Dubois, que hicieron tanta historia aquí y afuera, ni un Denis Espinoza, de regularidad comprobada. Calma, calma.

¡Qué lamentar si seguimos siendo pequeños! Estoy seguro que los de Martinica hicieron con el equipo nica los mismos cálculos optimistas hechos aquí con ellos. Nos ganaron 2-0 en el único duelo verdaderamente preequilibrado de ese grupo. Sin llegar a la subestimación, Panamá y Estados Unidos, no tenían en agenda verse en dificultades con Nicaragua, y trataron de evitar ser sorprendidos, lo que lograron. El planeta futbol continúa girando y nosotros tenemos que seguir multiplicando esfuerzos. Así de simple.