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¿Volver al trono? Ese ha sido siempre un deseo tan irresistible, que se convierte en algo obsesivo, sobre todo, si se trata de los Yanquis, en un tiempo, “La armada invencible” en el beisbol. Después de no estar en una Serie Mundial desde el 2009, cuando derrotaron a los Filis en seis juegos para conseguir su título número 27 a lo largo de 40 clásicos de octubre en los que han competido, los Yanquis, previamente no favoritos en el Este de la Liga Americana, encontraron en el cañón humeante del superprospecto Aaron Judge, el crecimiento como abridor del joven Luis Severino, el aporte cada vez más útil del short Didi Gregorius, el retorno del espeluznante rematador Aroldis Chapman, la confirmación de Gary Sánchez como bateador explosivo y la reinvención del veterano zurdo C. C. Sabathia, los factores de motivación para llegar al 1 de agosto, con dos meses pendientes, como líderes con medio paso de ventaja delante de los temidos Medias Rojas, antes de la jornada del martes.

Hay quienes piensan, entre los que me incluyo, que más sorprendente que el rendimiento de los Yanquis, ha sido el decrecimiento de los Medias Rojas, afectados severamente por la pérdida de su “as” David Price un largo rato, el derrumbe del ganador del Cy Young 2016, Rick Porcello, a un tenebroso balance de 4-14, presentar a solamente un bateador de .300 puntos en su alineación, como lo es Dustin Pedroia (.307). Así que pese a la contribución espectacular del ganador de 13 juegos con más de 200 ponches, Chris Sale, la mortífera precisión de un rematador del calibre de Craig Kimbrel con 25 salvados y 2 triunfos, alrededor de 1.29 en carreras limpias, y hacerle un justo reconocimiento a Drew Pomeranz, con 10 victorias, el equipo de Boston no ha funcionado como se esperaba, aunque sus posibilidades siguen siendo muy fuertes.

Pequeño salto estimula 

Chequeen esto. Los Yanquis, que terminaron cuartos en el Este en el 2016, registraban 53 triunfos a esta altura, es decir, cuatro menos que los 57 logrados en lo que va del 2017, un salto que no es lo suficientemente largo para provocar impacto. Pero, ¿cuánto podrán mejorar los Yanquis con el agrandamiento conseguido al agregar dos abridores: el zurdo Jaime García sacado de Minnesota y el derecho Sonny Gray, tomado de Oakland; dos relevistas altamente calificados obtenidos de los Medias Blancas, el conocido David Robertson y Tommy Kanhle; y un artillero llamado Todd Frazier, que se junta en el corazón del line-up con Judge, Gary Sánchez y Matt Holliday? Por supuesto que eso fortalece a los Yanquis, sin perder de vista, la posibilidad de volver a ver en acción al mejor Masahiro Tanaka.

Sin superestrellas de la colina a mano, tipo Kershaw o Scherzer, el mánager Joe Girardi considera que su pitcheo abridor será capaz de absorber la presión y extenderse lo suficiente con el aterrizaje de Gray, nunca un ganador de 15 juegos en sus primeros cuatro años, aunque con dos temporadas de 14 antes de decrecer, y García, nunca un ganador de 14 juegos entre el 2008 y el 2016, pero sí con dos de 13. El aporte del novato Jordan Montgomery (7-6 y 4.15) ha sido de enorme utilidad cubriendo el desplome de Tanaka, quien pasó de un estupendo despegue con 5-1 a 8-9, en tanto los 9 triunfos por solo 4 derrotas de Sabathia, y la forma como se ha establecido Severino peleando el liderazgo con 8 éxitos, le permiten a Girardi sentirse confiado con un poderoso bullpen. Dellin Betances recuperado de un bajón que llegó a ser alarmante, Aroldis Chapman, Tommy Kanhle y David Robertson proporcionan una seguridad como la de aquellas cajas fuertes de Fort Knox. Así que el reto ahí está para los Yanquis. Se trata de creer o no creer.