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A finales de enero, Juan Carlos Ramírez estaba haciendo sesiones de bullpen en el Estadio Nacional Dennis Martínez, consciente que debía darlo todo para impactar en el spring training y conseguir un puesto como abridor. Se mostraba seguro de sí mismo, hablaba con certeza de la incorporación de la curva a su repertorio de lanzamientos y confiaba en su experiencia para lograr establecerse como abridor, pese a que en su contexto se insistía con la idea de que su futuro en Grandes Ligas sería en el bullpen.

Siete meses después, Juan Carlos no solo es dueño indiscutible de un puesto en la rotación de los Angelinos de Los Ángeles, sino que se ha convertido en el mejor tirador del equipo, burlándose de los pronósticos que sobre él se hicieron antes del inicio de la temporada 2017.  A Juan Carlos se le miraba estableciéndose como relevista, sobre todo por lo que demostró con los Angelinos en la segunda parte de la temporada anterior. Los argumentos para defender la teoría de que difícilmente se afirmaría como abridor fueron muchos, sin embargo, una vez que se le abrieron las puertas de la rotación de los “laureados”, él, a base de bravura, se ha encargado de que permanezcan abiertas.   

En una temporada en la que se le perfilaba como relevista, sobre todo luego de que sus primeras dos victorias las consiguiera en tres salidas en ese rol, el nicaragüense ha logrado realizar 21 aperturas, construyendo en ese recorrido como abridor un balance de ocho victorias y nueve derrotas con una efectividad de 3.97. Si bien es cierto su balance es ligeramente negativo, además de su buen promedio de carreras limpias permitidas existen otros elementos que dejan en evidencia el gran trabajo que ha realizado en su primera temporada como abridor en Las Mayores.

Abridor de calidad

Por ejemplo, de las 21 aperturas que Ramírez ha realizado a lo largo de esta campaña, 11 han sido de calidad, esto tomando en cuenta que en el beisbol moderno se considera una salida de calidad cuando el lanzador completa un mínimo de seis episodios y permite un máximo de tres anotaciones. 

El asunto es que no siempre el trabajo de J.C. ha sido respaldado por la ofensiva de los Angelinos, para demostrarlo está como prueba el juego del 23 de abril ante los Atléticos de Oakland, cuando a pesar de tirar siete episodios completos de dos imparables sin carreras, salió sin decisión. Una situación similar le ocurrió el 13 de junio, cuando no ganó ni perdió un juego en el que limitó a dos carreras limpias en 6.2 entradas a la poderosa artillería de los Yanquis de Nueva York. Historias como estas las ha vivido también contra los Astros de Houston (6.0 IL, 1CL, Sin decisión), los Medias Blancas de Chicago (7.0, 2CL, Sin decisión) y los Indios de Cleveland (6.2 IL, 2CL, JP).

Consistencia llamativa

Otro aspecto que hace destacable la temporada que está construyendo Juan Carlos, es la cantidad de episodios que trabaja por juego. De sus 21 salidas como abridor, solamente en dos ha durado menos de cinco entradas. La primera fue ante los Mellizos de Minnesota, quienes en 4.1 innings le hicieron 7 carreras limpias, y la segunda fue contra los Reales de Kansas City, equipo que en 3.0 rondas le fabricó 5 anotaciones limpias. En total tiene cuatro aperturas de siete innings y una de ocho. Esto es prueba irrefutable de que su brazo derecho, capaz de soltar con llamativa constancia envíos por encima de las 95 millas por hora, es de duración prolongada. Un dato más para confirmarlo, Juan Carlos, además de ser el líder en victorias (10) y en efectividad (4.03), también es el pícher de los Angelinos con más episodios trabajados al registrar 129.2. 

“Me siento orgulloso”, dijo el nicaragüense a la prensa de Estados Unidos tras su gran presentación ante los Filis de Filadelfia, a los que blanqueó en ocho entradas. Y cómo no ha de sentirse orgulloso si este gran trabajo es la última hazaña de una temporada en la que pasando de relevista a abridor, se ha mostrado como un pícher de calidad y de atractiva consistencia.