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Permítanme regresar parafraseando al inicio de “Pedro Páramo”, la gran novela de Juan Rulfo: 

¿Cómo dice usted que se llama ese pitcher que desde la colina de los Angelinos ha trabajado consecutivamente en forma tan consistente frente a los Medias Rojas, los Indios y los Filis?

—Juan Carlos Ramírez, nicaragüense de 28 años.

¿Está seguro señor? ¿El mismo que desde su debut con los Filis en el 2013, durante 108 apariciones sin poder hacer una apertura antes del play ball en este 2017, no pudo impresionar con Arizona, ni con Seattle, ni con Cincinnati, y aunque estuvo en acción 43 veces con los Angelinos registrando balance de 2-1 con 2.91 en carreras limpias, cerrando la temporada del 2016, siguió siendo considerado sospechoso frente a un futuro borroso?

—Exactamente. Ese mismo.

¿Y por qué se ve tan seguro?

—Son los tiempos, señor. 

¿Cómo fue posible esa transformación?

—La confianza en uno mismo, impulsada por la terquedad, muevemontañas. Juan Carlos ha sido su gran motivador. Por esa razón quería continuar frente a los Filis la noche del miércoles en busca de su primer recorrido completo y primer blanqueo. Con ventaja de 7-0, no quería dejar escapar esa oportunidad dorada, pero el mánager Scioscia dijo: “¡Calma muchacho!”. Después de lo visto en el octavo inning, boleto y sencillo, el mánager le quitó la pelota. Hizo bien.

¿Será capaz de arremeter?

Su décimo triunfo, 99 ponches y una mejoría a 4.03 en efectividad con probables once aperturas pendientes atravesando un llamativo crecimiento, hacen pensar que Juan Carlos puede atacar las 15 victorias de Vicente Padilla y las 16 de Denis Martínez, y también la cifra compartida de 156 “fusilados” en una campaña. Obviamente, no es fácil, pero se ve viable.

De 11-5 o de 11-6. ¡Claro que puede! Y también los 57 ponches. Una frecuencia de 5.5 por inicio le permitiría saltar sobre Vicente y Denis. ¡Qué bueno sería eso!

Y pensar que al momento de levantarse el telón, Juan Carlos no parecía representar la posibilidad de provocar algo ruidoso. Difícilmente él podría haber imaginado lo que está ocurriendo: es el mejor brazo y naturalmente el más confiable en la rotación de los Angelinos; líder en victorias, líder en entradas lanzadas y segundo en ponches. 

Después del inesperado impacto provocado por Everth Cabrera casi saliendo de la nada, este salto a la notoriedad, no tan brusco, registrado por Juan Carlos, nos aturde. Nunca esperamos estar haciendo estos cálculos numéricos alrededor de la proyección del derecho pinolero con dos meses de actividad pendientes, confiando en que su brazo responderá a las exigencias manteniéndose saludable. 

El pitcher que nadie tomó en serio al levantarse el telón es ahora el más grande agitador de nuestras expectativas crecientes, y quizás, quien sabe, en ruta hacia el estrellato. ¡Ojalá!