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Siempre creí que en el firmamento de los deportes, no existe alguien capaz de prevalecer por siempre. Pero viendo en acción a Usain Bolt, no podía evitar entrar en el laberinto de las dudas. Él fue siempre, un soplo de huracán. Era más probable meter un relámpago en una botella, que derrotarlo. Imposible, no hay forma de ganarle, pensaba. No en este mundo. Hace un año en Río, lo vi imponerse en los cien metros con un tranquilo tiempo de 19.79 segundos, inferior por un suspiro al 19.78 que registró en semifinales. Fue su tercer oro consecutivo en la prueba reina de los Olímpicos. Dos días después, repetía en los 200.

Alargó el límite

Me decía, si pierde Bolt en cualquiera de los eventos en que compite, por uno de esos inexplicables imprevistos, el mundo dejará de girar y Galileo resucitará molesto. Su favoritismo era tan exagerado, que eso se creía.  Lo único que hacía interesante una carrera, era la forma en que Bolt conseguiría el triunfo. ¿Cómo será su despegue? ¿En qué momento se abrirá paso dejando atrás al resto? ¿Qué tipo de cierre ofrecerá? ¿Repetirá la imagen de aquella llegada en los 100 metros durante los Juegos de Beijing, quitando el pie del acelerador para celebrar, marcando un impactante 19.69? 

Su más aplastante superioridad fue mostrada en el Mundial de Berlín en el 2009 con registros de 9.58 segundos en 100 y 19.19 en 200, que destrozaban cualquier tipo de cálculos sobre el límite de la capacidad humana. Después de ver a Gatlin triunfar el sábado con 9.92, dos centésimas más rápido que Coleman, ganador de la plata, y tres mejor que Bolt, relegado a un increíble tercer lugar con 9.95, el mismo tiempo de Jim Hines en los Olímpicos de México en 1968, uno piensa que las dos supermarcas de Bolt en Berlín, permanecerán vigentes largos años, o quizás por siempre. Podrían ser el límite.

Envió señales poco a poco 

La pérdida de ritmo fue discreta. Del 9.63 en los Olímpicos de Roma 2012, pasó al 9.77 en Moscú, 9.79 en Beijing, registrando 9.81 en Río y 9.95 en Londres el sábado. En cada competencia, los fabulosos tiempos de 9.58 y 19.19 segundos en 100 y 200, se veía más distantes, así que frente a lo improbable, Bolt se concentró en ganar carreras y acumular medallas, no en tumbar marcas. Su maquinaria muscular ya no producía la explosividad deseada, y continuaba batallando con deficiencias en la salida.  

Conociendo historias de sprinters que con 34, 35 y 36 años, registraron comportamientos espectaculares, los casi 31 años de Bolt, no parecían ser un freno a su ímpetu, y cuando anunció su retiro, seguramente no sospechaba que sería vencido, menos por dos rivales al mismo tiempo, Gatlin y Coleman, pero es lo que ocurrió. El corredor relampagueante, fue embotellado dejando una tristeza que será inmemorial.