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El problema de hacer una elección, es un problema de la vida entera, dice Fernando Savater en su libro “El valor de elegir”. Alí eligió retirarse, y volvió, doble elección; Jordan eligió primero cambiar de deporte, después retirarse, y volvió, triple decisión; nuestro Denis Martínez, entre otros tantos casos, eligió decir “no más”, y volvió; ahora es Usain Bolt, el Rey de la velocidad, sin duda, el más grande sprinter de todos los tiempos, dueño de marcas insuperables como los 9.58 segundos y 19.19 en 100 y 200 metros, que podrían fijar los límites de la capacidad humana en cada prueba, quien se retira de las pistas que devoró y que lo vieron zumbar provocando asombros, por cumplir 31 años. 

¿Se le puede creer su retiro definitivo, hastiado de tanto sacrificarse? Quizás, por la afectación de problemas musculares, aunque no tan graves como los que enfrentó Roger Federer cuando dio la impresión de haber quedado fuera de los niveles de competencia en Tenis. Sin embargo, pese a esa consideración, me parece que Bolt volverá a las brasas. No necesitado de permanecer en las esferas de la notoriedad como Alí y Jordan, sino de aferrarse a ese impulso de vida que proporciona competir, no en busca de tumbar marcas, sino de ganar eventos, sumar medallas, y continuar haciendo historia. Esa voracidad que es un estímulo inextinguible para seguir abriéndose paso entre las llamas y que galvaniza a los superdotados.

Gatlin sirve como ejemplo

¿Viejo Bolt? De ninguna manera. A los 32 años, uno más que Bolt, Lidford Christie, también nacido en Jamaica, competidor por Reino Unido, ganó los 100 metros en los Olímpicos de Barcelona, y Justin Gatlin, con 35, resurgiendo de dos suspensiones por el uso de anabólicos que lo sacaron cinco años de actividad, acaba de derrotar a Bolt y Christian Coleman hace unos días, en la final del Mundial realizado en Londres. Bolt ha sido un corredor constante, es decir sin intermitencias que distorsionen su preparación, y además, físicamente, podría ser el sprinter mejor construido, con una fuerza en sus piernas descomunal y un alcance de zancada sin precedentes. Ni siquiera Bob Hayes o Donovan Bailey, consiguieron martillar la pista con esa frecuencia.

Sin Bolt en escena, vamos a acostumbrarnos a regresar a tiempos razonables. Incluso, con él compitiendo, los registros estaban enflaqueciendo. Pese a ser menos rápido, de un evento a otro era el mejor. En Río, frente a DeGrase y Gatlin, logró sobrevivir. Bolt solo necesitó 9.81 segundos para asegurar su tercer oro consecutivo en los 100 metros olímpicos. En 1988, cuando él apenas tenía dos años, los 9.79 “infectados” de Ben Johnson en Seúl, provocaron un escándalo. Sin usar estimulantes, esa era considerada una marca imposible, y el ejemplo a mano era Carl Lewis en aquel momento. Desde el 9.58 en el Mundial de Berlin en el 2009, Bolt fue retrocediendo en marcas, pero llegando siempre primero. No había forma de ganarle, hasta que finalmente ocurrió. ¿Volverá Bolt a hacer una elección dentro de un par de años? Es probable. Soy de los que creo, que volverá.