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“No hay imposibles”, dice Ernesto Valverde, y es cierto, agregando “hay historias escritas en el Bernabéu que nos permiten creer en una hazaña”, refiriéndose a victorias como 3-0, 6-2 y 4-0, registradas en otros momentos y con “otra cara”, no esta tan depresiva que muestra el Barsa, buscando como definir su juego y necesitado de piezas que le den consistencia a sus pretensiones. Este Barsa sangrante, después de las puñaladas asestadas por Cristiano y Asensio, se ve frito arrastrando la derrota por 3-1 en el enmudecido Nou Camp.

Superioridad indiscutida

Real Madrid y Barcelona vuelven a verse las caras hoy, tres días después del derrumbe azulgrana en los quince últimos minutos de la primera batalla, en la que el equipo de Zidane se mostró tan destructivo en el cierre de juego, que llegó a erizar pelos. Pensar en una remontada es tan improbable como ver a un tiburón en la cima de una montaña. Tendría que ocurrir algo verdaderamente caótico en el equipo de “Los ángeles blancos”, como llama al Madrid en su libro John Carlin, para hacer posible eso que nadie espera, porque este equipo tan alegre, bullidor y funcional no tiene ningún parecido con aquel aturdido París Saint Germain que permitió le robaran el botín. 

Aun sin Cristiano Ronaldo en la línea de fuego sembrando pánico con sus incursiones vertiginosas, súbitos desmarques y feroz cañoneo, el Madrid es superior al Barsa en todos los sectores. Puede que no sea una superioridad aplastante, pero sí indiscutida, desequilibrante al momento de ensayar análisis sobre lo que puede pasar hoy en el Bernabéu. Con su tridente quebrado, perdiendo flexibilidad, penetración y punch adelante, el equipo azulgrana se sentirá moviéndose difícilmente sin red abajo, urgido de mejor contención y mayor proyección. Aquel Iniesta, aquel Xavi y aquel Puyol ya no existen futbolísticamente, y Alves se fue. Por ahora, lo inmediato es volver a armarse conveniente y eso parece muy complicado, pese a disponer del dinero producido por la pérdida de Neymar.

Fuerte contraste

La disputa de la Supercopa de España ha sido útil para poder tener una idea clara de lo que ofrecen ambos equipos antes de levantarse las cortinas de La Liga, mientras se aproxima la fase de grupos de la Champions. Las imágenes son contrastantes. El Madrid, ganador de La Liga y de la Champions, parece estar celebrando todavía su resonante triunfo sobre el Juventus en la final de Cardiff; en tanto el Barsa, con dolores en cintura y espalda desde antes de la salida de Neymar hacia París, pese a contar con un Messi que debe sentirse agobiado por la carga de tantas responsabilidades, quizás como nunca antes, ni siquiera en la maltrecha selección de Argentina, se ve tan golpeado como después del 0-3 frente al Juventus en la Champions.

Claro que Cristiano es insustituible, pero el Madrid dispone de un banco que le garantiza sostenimiento del equilibrio y tiene en este momento en Isco una aproximación a Messi, en su incidencia para recuperar pelotas y volcarse maniobrando, estableciendo conexiones para profundizar ofensivas. Isco, Modric, Kroos y Casemiro le inyectan vida a Benzema y proporcionan suficiente pólvora a Bale, sin duda, pese a las críticas, un estupendo jugador. Si agregamos la presencia de dos laterales del calibre de Marcelo y Carvajal, las posibilidades de estirar la cancha por parte del Barsa sin Neymar se reducen drásticamente. 

El pronóstico es directo: vuelve a ganar el Madrid, quizás con la misma amplitud.