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Cifras en mano, ni remontada improbable del Barsa, ni aplastamiento del Real Madrid aprovechando las facilidades. El 2-0 que selló la conquista de la Supercopa de España por parte de la tropa de Zidane, sin Cristiano, sin Casemiro, sin Isco y sin Bale, no dice la verdad sobre las diferencias establecidas en la primera etapa, con un equipo blanco imperial, pero explica la compasión del Madrid frente a un rival desorientado, a ratos inexistente, dependiendo solo de algunos momentos de entendimiento, que le permitieron buscar con desesperación cómo hacerse notar en la pizarra, lo que impidió Keylor con sus aciertos y los maderos que devolvieron un bombeo de Messi y un cabezazo de Suárez. Quizás fue mejor no marcar, porque de haber ocurrido un recorte que intentara darle forma a una amenaza, el Madrid hubiese podido volver a enfurecerse, y Troya estaría ardiendo, el Vesubio tronando y las piedras cayendo.

Goleada a la vista

Qué inicio más impetuoso de estos “Ángeles blancos” con el majestuoso gol de Asensio en el minuto 4, doblando la voluntad y las rodillas del Barcelona en la madrugada del duelo que nunca fue. Después de estar viendo a un Real Madrid autoritario y acelerado, manejando con destreza y agresividad ese vértigo agobiante mientras pasaban los minutos, y el Barcelona sangraba cada vez más  por la monumental estocada de largo metraje clavada por Asensio, paralizando a Ter Stegen, pensé que presenciaría una goleada desproporcionada, quizás histórica.

Marco Asensio marcó un golazo que puso el 1-0 ante el Barcelona.

Aunque el segundo gol, realizado por Benzema con una maniobra magistral, levantando la pelota llegada desde la izquierda, y rematando de media vuelta con ese latigazo zurdo educado en una Escuela de Arquitectura, se logró en el minuto 38, quedaba tiempo de sobra para que ese dominio alarmante, hiciera estragos, pero el equipo de la realeza se calmó, se dedicó a turistear un poco, estuvo especulando alegremente, aunque listo para apretar tuercas si las circunstancias lo exigían.

Extasis madridista ante un Barcelona en depresión

Hoy, la mediocridad

Sin ninguna preocupación, con el resultado en el bolsillo, el Madrid quitó el pie del acelerador y utilizó el estilo Maywheater, que saca al rival de sus casillas y lo reduce a la nada. Entre la falta de orden azulgrana, no se puede acusar a Messi de no haber multiplicado esfuerzos en busca de algo, pero no es posible sacar pepitas de oro de la nada. Un deslizamiento hacia la mediocridad visto en la Liga y en la Champions con Neymar adentro y el tridente marcando goles, no ha podido ser frenado sin las piezas necesarias, porque sectores claves como el de la creatividad y la contención, se ven tan despoblados como Comala, el pueblo inventado por Juan Rulfo, con muertos tratando de moverse sigilosamente, incluso, quejándose. No hay conexiones rápidas y precisas, las recuperaciones no producen proyecciones, la cancha parece más estrecha con laterales que no se apoderan de las bandas como antes, y Ter Stegen, que lució con Alemania en la Confederaciones, parece un poste más en la cabaña.

Algo más que Neymar

Eso justifica la dramática pregunta ¿Existe el Barsa? El equipo ha atravesado otros períodos oscuros, improductivos, pero desde que llegó Messi, saltó hacia la nubes y registró una década de grandiosidad. En estos dos juegos, el argentino se ha visto tan aturdido como con la Selección de su país, atrapado por lo no funcional, dependiendo de algún chispazo, como ocurrió en cada uno de los partidos de la fase de grupos en Río, sin embargo, necesitado de un acompañamiento que se esfumó, sus desmarques, intentos de combinaciones y búsqueda de enlaces, se evaporan en la nada. Claro que hace falta Neymar adelante, sin embargo el problema azulgrana es más preocupante que eso. El Barsa de Guardiola, nunca tuvo al delantero brasileño, y este Barsa no existe como equipo, no solo por la falta de Neymar.