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Con esa furia, a veces poética mientras cada uno de ellos desarrolla su swing en forma destructiva y elegante, como si estuvieran modelando para una nueva versión del David de Miguel Ángel vestido de pelotero, los artilleros provoca-pánico de Marlins y Yanquis, Giancarlo Stanton y Aaron Judge, atrapan la atención del planeta beisbol, mientras se mueven hacia la búsqueda de dos grandes cifras: 60 y 50 jonrones. Stanton, buscando codearse con los más temidos desforra pelotas que el beisbol ha producido, un club de “sesentones”, en el que solo se encuentran Babe Ruth, Roger Maris, Mark McGwire, Sammy Sosa y Barry Bonds;  en tanto Judge, está empeñado en un intento de convertirse en el primer novato con 50 vuelacercas, después que en 1987, McGwire se quedó en 49, sin jugar el último partido de la temporada por el nacimiento de su primer hijo.

Judge pierde ritmo

Se trata obviamente de un auténtico reto para ambos, necesitados de un agitado mes de septiembre, más por parte de Judge, frenado al perder contacto con las pelotas con un porcentaje debajo de los 200 puntos en el transcurso de un mes de agosto agobiante, y atravesando por una frecuencia de ponches, que ha hecho pensar, necesita regresar al “kínder” de bateo, limitado a tres cuadrangulares en lo que va del mes. Lo de Stanton después del Juego de Estrellas ha sido sensacional, incluyendo una racha cortada en seis juegos tumbando cercas, llegando a aproximarse a la marca de ocho que comparten Dale Long, Don Mattingly y Ken Griffey Junior. Sus 11 jonrones disparados en un agosto candente hasta el día 18, para un total de 44, abren una interesante intriga sobre cómo cerrará en los 13 días pendientes en el mes, y hacen pensar que podría realizar una fuerte arremetida en septiembre.El aporte de Judge con los Yanquis ha sido sustancial.

La más grande erupción producida en septiembre, es de 17 jonrones, y es consecuencia del impulso de Babe Ruth en 1927, cuando los Yanquis tenían un equipo que mantuvo estremeciéndose Nueva York con esas tormentas de batazos, y de Albert Belle en 1995, jugando para los Indios de Cleveland como compañero de Denis Martínez. El récord de más jonrones en un mes es de 20, establecido por el boricua Sammy Sosa en junio de 1998, cuando registró 20, superando los 18 de Rudy York en agosto de 1937. A la altura del Juego de Estrellas, Judge estaba delante de Stanton, pero frenó y se trabó, en tanto Stanton se soltó, se desbordó, y da la impresión de poder acercarse y alcanzar la proeza de los 60, después que Roger Maris esperó 34 años para superar a Babe Ruth en 1961, y más adelante en 1998, una pausa de 37 años, lo consiguieron Sosa y McGwire, antes de la súper explosión de Barry Bonds con 73.

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El trio de destructores

Las cifras de Sosa, único bateador en la historia con tres temporadas disparando más de 60 jonrones (66 en 1998, 63 en 1999 y 64 en el 2001), McGwire (70 en 1998 y 65 en 1999), así como la de Bonds con sus 73 en el 2001, son reconocidas pero consideradas manchadas, lo que parece tener incidencia solo para el ingreso al Salón de la Fama, no para su permanencia como marcas registradas, una ecuación difícil de entender, pero que los responsables del manejo del beisbol, decidieron asimilar y no mover un avispero de controversias. Lo hicieron irregularmente, pero eso no tiene que ver con la legitimidad de las marcas. Es decir, que si Stanton enfureciera como un dragón y llegara a 72 jonrones, la marca de Bonds, sin asterisco, seguiría intacta. Por ahora, Judge y Stanton, con estructuras físicas impresionantes, son “libres de pecado”.

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Judge de 25 años, arrancó bruscamente conectando 10 jonrones en abril, casi todos kilométricos y continuó con 7 en mayo y 10 en junio. Ese ímpetu, mantuvo oscurecido el ritmo de otro novato violento, Cody Bellinger de los Dodgers, quien debutó con 14 días de atraso, pero se acercó a Judge antes del Juego de Estrellas, llegando a ser líder en la Liga Nacional encima de Stanton.  El ritmo de Judge fue de 7 en julio, y súbitamente en este agosto, ha sido sujetado en solo 3 vuelacercas en 16 juegos, provocando una justificada preocupación, sobre todo por su alarmante desajuste para golpear pelotas y el incremento de su frecuencia en ponches, algo que en varios juegos agostinos, lo ha hecho lucir indefenso. En el juego del viernes que los Medias Rojas le arrebataron a los Yanquis ridiculizando su gran bullpen, Judge falló dos veces mansamente con las bases llenas en situaciones apropiadas para establecer desequilibrio.

¿Es stanton algo seguro?

Un sobreviviente a fuertes críticas por ser considerado sobrevalorado después de firmar por 325 millones de dólares un contrato que se extiende hasta el 2028, Stanton cogió fuego después del Juego de Estrellas y se abrió paso ruidosamente hacia el liderato en jonrones de la Liga con 10 de ventaja sobre sus más cercanos perseguidores. No importa qué tan lejos viajen los batazos de Stanton, como su frecuencia. Lo extraño, es que pese a ser una gran atracción para todo el beisbol, no lo es en Miami, y es poco lo que ha logrado mover el interés de los aficionados para volcarse a verlo en el nuevo parque ubicado en La Pequeña Habana. Esto ha abierto espacio a la posibilidad de verlo cambiar de uniforme antes del 31 de agosto, fecha límite para poder estar en acción en la postemporada. Con los Marlins en venta, lo raro es que se ponga a riesgo la joya más preciada de la corona.

Judge está atravesando su primera temporada completa, en tanto, Stanton a lo largo de siete temporadas, solo tronó verdaderamente en el 2014 con 37 jonrones y 105 empujadas, lo que no constituye un certificado de seguridad, considerando que varios peloteros han registrado una temporada cumbre, sin continuidad. Sin embargo, no parece ser ese el caso de Stanton por lo que está mostrando. Eso sí, pese a sus proyecciones, la carga económica es aplastante para cualquier presupuesto, y puede ser el freno para conservarlo en Miami. Más allá de lo especulativo, Stanton y Judge, obligados a pisar el acelerador buscando 60 y 50 jonrones, se encuentran instalados en el ombligo del espectáculo de frente a las últimas semanas de agitación sin pausas.