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Hay pronósticos tan fáciles que su obviedad incomoda. Lo era el de Goliat contra David y no resultó, pero previamente volvería a ser el mismo mil veces más; lo era el de Oakland contra aquellos Dodgers que aún con Hershiser provocaban compasión en 1988, pero el jonrón de un hombre que cojeaba en su único turno al bate, Kirk Gibson, hizo girar el planeta al revés; también lo fue en contra el vaticinio que no le concedía ningún chance a Héctor frente a Aquiles, como efectivamente se comprobó; y lo es este, que considera a los Leones de “Panal” Delgado favoritos para doblar por la cintura al Rivas y coronarse en la final de este Pomares que se inicia hoy en el patio de los rugidores.

Aquí los porqués

¿Por qué calificar como fácil el pronóstico? Porque no hay veredas por donde perderse ni senderos que se bifurcan, porque casi todo está claro y quizás hasta escrito. ¿Quién muestra una rotación más profunda y eficaz? León con Fidencio, Acuña, Wilton y Norman López. ¿Quién es el equipo con mayor capacidad de agresión presentando en su line-up seis bateadores de .300, uno de .295 y otro de .287 por cuatro de los rivales? León encabezado por Enmanuel Meza y con dos empujadores de 65 y 67 carreras. ¿Quién tiene el brazo más dominante en el bullpen? León con Wilber Bucardo, salvador de 16 juegos. ¿Quién transmite más confianza con su funcionamiento defensivo tanto adentro como afuera? León, por supuesto. ¿Y entonces, a quién colocamos como favorito? A los rugidores.

¿Y si flaquean y se derrumban como los Dodgers de Koufax y Drysdale en 1966 y los Atléticos de Canseco y McGwire en el 88? Ah, eso ya depende lo casual que escapa al control de las teorizaciones. Es la mayor belleza del beisbol, la presencia a veces frecuente de lo imprevisible, consecuencia de la redondez de la pelota y el no saber dónde va a ir a parar una vez que sale de la mano del pitcher. Y una prueba de ello es encontrarnos con el joven y aguerrido equipo de Rivas en esta final, mientras equipos como Dantos, Costa y Bóer fueron decapitados como en cualquier capítulo de “Juego de Tronos”. No solo eso, el equipo que mantiene masticando uñas a los hermanos Marenco terminó sorprendentemente igualado con León en el grupo B.

¿Cómo ver de otra forma? 

Podríamos preguntarnos ¿por qué ver más grande al León? Y la respuesta es sencilla: porque ciertamente lo es, o hay alguien por ahí que no lo crea, como también lo era frente al Estelí pese a estar atrás 1-2 en la serie y perdiendo el tercer juego hasta el octavo inning. Podemos quitar la palabra “fácil” del título de esta nota y poner “pronóstico directo”, como un jab de Alexis Argüello. ¿Desde cuándo para visualizar un ganador se le da preferencia a los imponderables? ¿Quién piensa, sin instalarse en la butaca del fanatismo ciego, que Pérez Estrella, Juan Bermúdez, Marlon Altamirano y Pedro Torres, aún con el orgullo de su casi no hitter, responderán mejor a las exigencias que los cuatro brazos que usará “Panal” Delgado? O que Bucardo será un fracaso como lo está siendo Chapman en estos momentos.

Cierto, el bateo central sureño con Olivas, Castillo, Montealto y Duarte no puede ser subestimado, pero ¿qué hay de la mayor compactación y mejor armamento en la alineación de los leones? Esto como agregado a la facilidad para simplificar con su fildeo y de silenciar con sus látigos en el montículo. El pronóstico es fácil, León favorito, pero tratándose del beisbol nada está escrito, aunque en una serie a siete juegos, con la posibilidad de enfrentar a Wilton y Fidencio en cuatro de los duelos, y con Meza y Sevilla regresando a sus puntos de ebullición, todo favorece a los rugidores, como lo dijo Sandor Guido antes de la batalla a vencer o morir con el Estelí. ¿Cómo ver esta serie de otra forma es muy difícil?