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¿Qué propuesta hará “Chocolatito”? no parece ser tan intrigante como ¿qué tanto estirará Rungvisai su atrevimiento frente a un adversario sin caída y sin cortes, capaz de sostener su agresividad tan flexible, sin ninguna inhibición? No sé qué tan en serio ha tomado Rungvisai ser el campeón en las 115 libras, si obviamente sabe que fue favorecido por un fallo tan descabellado que obligó a la programación de una revancha lo más pronto posible. Aunque piense que no es su culpa, lo cual es cierto, está la terrible incomodidad de la correcta valoración de lo ocurrido, cada vez que se encuentra frente al espejo. No, no ganó, pero se coronó en el pequeño Juego de Tronos, en tanto Román cargó con su primera derrota. Injustamente, pero no hay forma de borrar eso y la herida está abierta y sangrando.

Mientras se acerca la revancha, Rungvisai, un campeón sin respeto ganado, debe estar pensando que no va a encontrarse con un “Chocolatito” condicionado por factores adversos como la sorprendente caída y las heridas consecuencia de certeros cabezazos, que lo hicieron batallar tratando de mirar a través de una cortina de sangre casi permanente. Sin embargo, entre esos inconvenientes que forzaron transformaciones en sus propuestas ofensivas, Román fue enderezando la pelea hasta darle forma a lo que debió ser un triunfo inobjetable. Sin ese oscuro panorama, seguramente el pinolero va a manejar mejor los tiempos, las distancias y la capacidad de colocar presión. 

Frente a esa diferencia, la intriga es ¿qué hará Rungvisai para prevalecer si la cabeza no le funciona como un tercer puño? Se supone que tendrá que multiplicar su atrevimiento para no ceder abiertamente la iniciativa a un púgil más creativo. ¿Cómo imaginamos eso? Es precisamente la gran intriga… Inevitable mirar hacia atrás. Todos tenían ganador a Román en aquella noche del mes de marzo. Al escuchar el fallo, nos sentimos estrangulados, confirmando que la furia no rima con la impotencia. Insólitamente tres jueces desorientados dibujaron una gran mancha en la manta del Consejo Mundial de Boxeo, avergonzando a su presidente, Mauricio Sulaimán, quien consideró que el bravo pinolero mereció ganar. Le robaron el cinturón a Román, le robaron su invicto, le mordieron su orgullo y su historia, y ahora se le presenta la oportunidad de recuperar parte del terreno y el botín perdidos, en condiciones diferentes.