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La pimienta salta a la vista. Es un aderezo esencial cuando se trata de un atleta en cualquier deporte. Suficiente pimienta, llega a ocultar debilidades y agranda las facultades. Es lo que identifica a este joven de casi 29 años llamado Marbel Olivas, nativo de Palacagüina, tomado como refuerzo con una resultante de “cinco estrellas”, por el equipo de Rivas, y convertido en figura cumbre de esta Serie Final por el banderín del Pomares 2017, mostrando una versatilidad y una utilidad, pocas veces vista en todos los aspectos del juego. Los que no sabíamos mucho de él, sin atrevernos a considerarlo una certeza, lo estamos descubriendo mientras lo vemos alcanzar gran incidencia.

El beisbol que está ofreciendo Olivas frente a los Leones en esta final tiene cadencia, eficiencia, contundencia y consistencia. Puede decirse, que con su accionar, ha superado los cálculos más optimistas sobre su aporte. Sus 9 imparables en 16 turnos, lo instalan en la cima de los bateadores de esta final con 563, y aunque solo impulsa una carrera, su agitación casi permanente, mantiene a los Leones rascando sus melenas y frunciendo ceños. Agreguen su flexibilidad y seguridad en la defensa del campo corto, la zona con la más extensa capacidad de cobertura en el infield, necesidad de colocación precisa y buena escopeta. 

Así está fabricando ruido

Marbel pasó inadvertido en el primer duelo que perdió Rivas 6-1, víctima de un derrumbe en el cierre del quinto, facilitándole cinco carreras a los rugidores. Esa noche, se ponchó dos veces contra Fidencio antes de conectarle un hit intrascendente abriendo el fondo del séptimo. En la segunda batalla ganada por los sureños 5-4, disparó un sencillo y un doble agregando un sacrificio, quitado como tercer bate y funcionando detrás del lead-off Vanegas. De regreso a León y contra Wilton López, el pequeño Olivas se resistía a morir con 4 hits en 5 turnos y otro sacrificio. Su hit en el noveno adelantó al Rivas espectacularmente 2-1, aunque perdió 3-2 en once entradas; y en el cuarto encuentro, victoria del Rivas 1-0, estuvo de 4-2.

En una serie de discreto beisbol pero muy emotiva, con los duelos danzando entre lo impredecible, manteniendo el interés latiendo hasta el último instante, Olivas ha saltado al escenario como un Fred Astaire vestido de pelotero, sin llegar a golpear las puertas del estrellato. Puede que se encuentre viviendo un momento irrepetible, o quizás, lo que está realizando, le permita tomar impulso para atravesar la madurez, y establecerse en nuestro beisbol, aun sin que lo visto en estos días asegure una gran proyección. Hasta hoy, su escogencia es un gran acierto para el equipo sureño, y por ahora, en esta Final, es el pelotero de las ocho columnas.