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Aún en su patio donde se supone son más fieros, aún con la escopeta de Fidencio Flores, usualmente dañina, aún abrazados a un favoritismo ahora no tan rotundo, aún con el bullicio ensordecedor de su multitud, los Leones aunque no tiemblan, están asustados, mirándose unos a otros con los ojos agrandados, sintiendo como si les hubiesen limado las garras. Incluso Ariel Delgado, una especie de Rey León, sabe que de fallar esta noche frente a los sureños y Carlos Pérez Estrella, será difícil quitarse la soga del cuello frente a un rival que les ha perdido respeto y se agiganta en su nivel de atrevimiento. Es necesario cortar eso, y con la serie reducida a ganar dos de tres, urge hacerlo. 

El duelo es crucial

Recuerda “Mufasa” Delgado, que con Wilton López trabajando ocho ceros en el tercer juego, pero viendo circular sureños en las bases durante seis de esas entradas, estaban a la orilla de la desesperación, aferrados a una pequeña ventaja de 1-0. Cuando salió Wilton, el Rivas volteó la cifra 2-1, y los rugidores necesitaron de un cierre casi milagroso, para enderezar esa desventaja, forzar un empate, y extenderse hasta la angustiosa victoria por 3-2 en once episodios. Y al día siguiente, la derrota por 1-0 al dejar olvidada su agresividad en León, viajando sin pólvora a Rivas.
El sostenimiento de lo intrigante, lo ha proporcionado el Rivas con su capacidad para fajarse, resistir y cambiar golpes. Nada de equipo pequeño, poco significativo. Las faenas monticulares de Marlon Altamirano, Levys Montiel y Jensy García han apretado a los leones retorciendo sus melenas y pretensiones. Es por eso que el juego de hoy se convierte en crucial, porque inclinará la balanza con dos pendientes, y la regla de pitcheo oscilando sobre las cabezas de “Panal” y Eloy, en estos momentos tan parecidas a la de Damocles.

Solo 4 por 300

Aunque León casi no batea, es tiempo de rugir. Sus bateadores 1 y 2, Rizo y Sevilla, registran .200 y .125 puntos, casi inexistentes. Óscar Cortez es su artillero más agitado con .438 de average, pero no empuja carrera, y el otro sobre .300, es Quebin Díaz, no usado en el cuarto juego, pese a ser productor de dos carreras, segunda cifra del equipo. Con excepción de la arremetida de cinco carreras en el quinto inning de la primera batalla, casi no se han escuchado rugidos, y gimiendo no se consigue mucho. Marvin Martínez empuja cuatro, grandioso, porque los bateadores 3 y 4, Meza y Sandor, están limitados a un remolque cada uno.

Por Rivas, contra un pitcheo más fuerte, el bateo tampoco ha sido abundante. Marbel Olivas se ha excedido con 9 imparables y .563 puntos, en tanto Brian Ruiz se eleva hasta 375, pero Duarte, Castillo, Montealto y Solís, la parte central, no llegan al .240 de promedio. Eso es alentador para Fidencio, ganador del primer juego con recorrido de 7 entradas y solo una carrera permitida ponchando a ocho. Pérez Estrella no está tan eficiente como antes y necesita de un rapto de inspiración para poder prevalecer encima del favoritismo de los rugidores.