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La única forma que se repitan las imágenes a ratos grotescas, del primer combate entre Román “Chocolatito” González y el tailandés Srisaket Sor Rungvisai, es que el pinolero vuelva a ser tumbado y cortado en la cabeza desde muy temprano, obligándolo a estar tratando de mirar a su rival, a través de una cortina de sangre. ¿Hay alguien que piense que eso va a repetirse? No lo creo. En consecuencia, será otra la pelea que veremos este sábado, con el escenario instalado en Carson, California. 

Sin esos factores adversos revoloteando a su alrededor, aguijoneándolo, y alterando la geometría que acostumbra trazar con singular maestría entre las cuerdas, Román debe mostrar esa flexibilidad que lo hace imprevisible en sus arremetidas, que le facilita salir de las cuerdas y le proporciona un buen manejo del tiempo y la distancia. Nada que ver con tantas restricciones impuestas por caída y cortaduras, transformando su planteo para proteger el sector izquierdo de su cabeza, y abrir ofensivas con la derecha, evitando quedarse mucho en el cuerpo a cuerpo, pendiente de esa cabeza agresiva utilizada como un tercer puño.

¿Más inteligente?

Le están lloviendo tantas recomendaciones a Román, sin precisarle qué pudo hacer y no hizo y qué tipo de múltiples variantes hubiera utilizado, que de escucharlas, entre tal confusión, no  tendría idea de cómo pelearle ahora a Rungvisai. Incluso ha llegado a cuestionarse el uso que hizo de su inteligencia, y sin señalar los errores de su planteo en una pelea que logró revertir y ganar, siendo víctima de un fallo distorsionado. Es fácil decir “tiene que ser más inteligente”, como si no hubiera peleado condicionado como nunca antes lo había hecho.

La sorprendente caída naturalmente lo aturdió. El ¿qué estoy haciendo aquí?, mientras se levantaba de la lona, fue el primer factor adverso, y luego los cortes de peligrosa abertura y suficiente profundidad en el sector izquierdo. No había que perder el tiempo. Era urgente proponer algo y lo primero, por lógica elemental, fue utilizar la zurda como escudo de la zona alta, sin desactivarla, mientras la derecha larga trabajaba horas extras por encima de la zurda extendida de Rungvisai, tratando de abrir espacios. Además, arrimarse sin quedarse adentro por lo peligroso de las fricciones con esa cabeza amenazante del tailandés.

Tomó todos los riesgos

El plan funcionó tan bien que Román sin ceder la iniciativa, pero trabajando con cuidado, comenzó a enderezar la pelea y sobre la mitad del recorrido ya ejercía control sin poder impedir el flujo de la sangre que bañaba su rostro. Necesitó de sus agallas para ser temerario tomando riesgos sin aproximarse al suicidio, evitando entregarse a cambios de golpes frontales con un rival tan fuerte, resistente, que disponía de clara ventaja en ese terreno. Fue así, como a base de esa habilidad que parece estar con él desde la cuna, que el pinolero fue estableciéndose acumulando puntos. Lamentablemente, los jueces eran aprendices y le quitaron el invicto y el título, en una equivocación imperdonable, aunque no supieran lo que hacían.

Sin caída, sin cortes en la cabeza, será otra la pelea que veremos con un Román suelto como acostumbra, colocando presión encima del rival, que exigido por las circunstancias, también se ha obligado a elevarse en su rendimiento y garantizar una pelea brava, agitada y emotiva. Espero más de Román y más de Rungvisai, posiblemente estimulado por el título que encontró debajo de su almohada.