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A los 30 años, cuando tienes 12 de estar fajándote entre las cuerdas —uno de los más desgastantes trabajos— y has realizado 47 peleas, cada una de ellas con el componente requerido de martirio y sacrificio que los adiestramientos exigen, es obvio que te sientes más expuesto a los riesgos. Seguramente Román “Chocolatito” González está claro de eso, sobre todo después de haber sido derribado ante el asombro del planeta boxeo, que lo vio elevarse hasta la cima de las valoraciones, como mejor púgil libra por libra, con el agregado de invencible.

Verlo atravesar peleas tan complicadas como la del “Gallo” Estrada y Carlos Cuadras, casi épicas, permitió observarlo moviéndose entre serias dificultades, aproximándose al territorio de la vulnerabilidad, aún sin haber mostrado su “talón de Aquiles”… Como un generador de confianza con su accionar decidido, cargado de destreza, nunca hemos dudado de su permanente condición de favorito mientras lo veíamos coronarse en cuatro categorías diferentes.

Urge ajuste de cuentas

Cuando enfrentó al tailandés Srisaket Sor Rungvisai en marzo, ni ustedes ni yo, firmes creyentes en su presente resplandeciente y futuro aparentemente ilimitado, pensamos en verlo derrotado. Una absurdidad hubiera pensado Albert Camus. Pero, ¿qué se puede hacer al ser víctima de un despojo? Nada, más que resignarse a la pérdida de un invicto y de una corona, aunque no a la pérdida de brillo, lo que más va a necesitar Román está noche en Carson, en busca de atrapar a Rungvisai y doblegarlo, para realizar un urgente ajuste cuentas.

Sin la menor duda, pese a ser favorecido abierta y quizás descaradamente por ese fallo desorbitado, Rungvisai dejó constancia de su firmeza y de su fiereza, lo cual nos advierte sobre lo difícil que puede ser resolverlo, aún sin caída y sin cortes del “Chocolatito”. Qué bueno, porque son esas peleas las que dimensionan correctamente la grandeza de un púgil, algo que le faltó a Roy Jones.

¿Por qué dudar?

Creo que Román, esa pequeña fiera, ganará. Y lo creo, porque independientemente de tanto sufrimiento reciente, incluido Yaegashi, es más boxeador que Rungvisai, dispone de más variantes y más antídotos, y no está en declive. Lo demostró haciendo reversible el primer combate entre ellos. Cierto, las señales  de decrecimiento se muestran a veces súbitamente, como Trinidad ante Winky Wright, pero no creo que eso ocurra esta noche, porque esa extra de adrenalina que provoca el amor propio mordido, impulsa a Román hacia el recorrido de la famosa “milla extra” de Mandino.

Alí nos enseñó mucho sobre eso. Lo vimos con Frazier,  Norton y Spinks, aunque ya no tuvo aliento con Holmes. El llamado “Gaucho de Hierro”, Carlos Monzón, dijo necesitar la revancha con Rodrigo Valdés, la realizó, se impuso encima de una caída y se retiró. Román ha dicho que aún perdiendo no colgará guantes, luego, va a buscar la victoria como un león hambriento un filete. Seguramente siente que su reputación como fuera de serie, necesita, no restaurarse como el “Moisés” de Miguel Ángel, sino volver a mostrarse con esa brillantez cegadora que siempre lo ha acompañado.

Como la mayoría de ustedes, creo que podrá hacerlo.