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Dos fallas defensivas de Norlando Valle y Darwin Sevilla, y un doble play que no se pudo realizar al trabarse la pelota en el guante de Óscar Cortez, facilitaron las tres carreras que le permitieron al valiente equipo Rivas borrar el favoritismo del León y coronarse campeón del Pomares 2017, con una victoria por 3-2, no de ribetes espectaculares, pero sí altamente significativa, una prueba de la multiplicación de esfuerzos, del funcionamiento colectivo y de crecimiento.

Entre la grandeza emocional que se puede producir aún entre las paredes de un beisbol pequeño con tanta dificultad para crecer, el triunfo en el séptimo juego y su coronación son para el Rivas un acercamiento al cielo, en tanto, la dolorosa cuarta derrota es para el deshilachado León un lento viaje hacia la frustración. Un contraste inevitable en la esfera del deporte.

El merecimiento sureño es indiscutible. Envejeció al León, lo hizo lucir caduco a ratos, dio la impresión de no percatarse de la presencia de Wilton López y Fidencio Flores como los grandes pilares que sostendrían la pretensión de atrapar el banderín. Moviendo montañas, fue creciendo casi sigilosamente el equipo de los hermanos Marenco que dirige Eloy Morales. Perdió el primer juego.

Oscuro inicio para leones

¿Cómo producir carreras? se convirtió a lo largo de cinco juegos consecutivos en la más grande intriga de la final, así como el tocar bola cada vez que alguien se embasaba para hacerlo avanzar 90 pies a cambio de entregar un out, se daba por un hecho. Esas deficiencias, a las que nos acostumbramos mientras veíamos partido tras partido, explicaban lo pequeño de las cifras en cada resultado, con excepción del primer juego y aquel rally de cinco carreras de los rugidores en el quinto inning. El batazo oportuno era tan escaso como una sonrisa en tiempo de crisis con las bolsas vacías. Y por ahí iban quedando corredores en las bases por montones, sin que la pizarra se moviera.

No fue algo extraño que las dos primeras carreras del Rivas, a falta de batazos, se fabricaran aprovechando errores que significaban en cada caso durante los turnos sureños en las entradas 3 y 4, el último out. Norlando Valle midió mal una pelota bateada por Félix Castillo y con esa pérdida de bola, anotó Carlos Vanegas desde tercera, y el mal tiro a primera del short Sevilla, que Sandor no pudo salvar, facilitó la segunda carrera en las piernas de Luis Montealto. Rivas estaba adelante 2-0, hundiendo a la multitud en las butacas. Como diría Juan Rulfo, el mánager del León —“Panal” Delgado— buscaba un pañuelo con orillas para llorar.

Un emergente al rescate

Par de rugidos en el cierre del cuarto emocionaron al público y levantaron de la lona a los Leones, forzando un empate 2-2 que reactivó lo intrigante. Por fin, un batazo en momento cumbre. Las bases se llenaron por infield hit discutible de Cortez, cohete de verdad disparado por Norlando Valle y boleto a Isaac Martínez. Preocupado, Eloy Morales decidió sacar de la colina al abridor Juan Bermúdez y entregarle la pelota a Marlon Altamirano, quien en el tercer juego se fajó como abridor con Wilton López y realizó posteriormente un buen relevo. No fue factor de seguridad Altamirano frente al emergente Quebin Díaz. Una cuchillada al jardín izquierdo remolcó dos y borró la desventaja entre un aullido rompetímpanos.Los sureños se impusieron demostrando agallas.

Después de cinco entradas, 14 corredores habían quedado sobre las bases, en una continuación de la improductividad. La atrapada del intermedista Cortez sobre batazo muy difícil de Bayardo Dávila provocó signos de admiración en el inicio del sexto y el machucón de Hernaldo Aráuz en el cierre fue sorprendente, al no disponer de la rapidez necesaria para superar una maniobra defensiva. En lo individual, Sandor, atravesando un bajón de voltaje, retrocediendo hasta 192 puntos después de fallar en sus cuatro primeros turnos, sumaba 10 dejados en base en los dos últimos juegos.

Cortez brilla y se traba

Dos jugadas de brillantez parecida realizadas por Óscar Cortez, utilizando el guante que Julio Medina guarda en su casa como un tesoro, evitaron en el inicio del séptimo que Rivas se adelantara. Con un out, Vanegas disparó doble por la izquierda y vino al plato Marbel Olivas, sin hit en sus últimos ocho turnos, con dos sacrificios. El batazo rasante a la izquierda fue capturado por el zarpazo de Cortez, que sacó el out en un alarde de precisión, y de inmediato, el batazo también rasante de Duarte al otro lado fue resuelto por una buena contorsión muscular de Cortez para asegurar el tercer out, inutilizando la llegada al plato de Vanegas.

Sin embargo, en el octavo, después de tanto ir el cántaro al agua, se rompió. Rivas logró desequilibrar embasando a dos hombres con un out por hit abridor de Duarte a los bosques y otro dentro del cuadro por parte de Montealto. Saltó “Panal” a quitarle la bola al derecho Joaquín Acuña, que había sobrevivido entre dificultades y confió en Wilber Bucardo. Boleto a Ruiz llenó las bases y el infield felino no pudo realizar un doble play sobre un batazo apropiado del emergente Guzmán, al trabarse la bola en el guante de Cortez, anotando Yeltsin Solís. Ahora Rivas tomaba las riendas 3-2 y León solo tenía seis outs de vida. En esta ocasión, sometido por los brazos de los relevistas Marlon Altamirano y Jensy García, León no logró salir del ataúd y murió con las melenas caídas.
Al iniciarse la final, el cielo parecía estar lejos para el Rivas, pero los combativos sureños encontraron veredas para acercarse poco a poco, y lo alcanzaron, en forma sublime más que espectacular.