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En el StubHub Center de Carson, California, ocurrió lo inesperado. Nada de lo que pasó en la revancha entre Román “Chocolatito” González y Srisaket Sor Rungvisai estaba escrito en el guion previo. Los pronósticos daban como ganador al nicaragüense, incluso por nocaut, pero ocurrió todo lo contrario, el tailandés, fuerte y bravo como un búfalo indomable, avasalló a Román hasta doblegarlo de forma dramática y terrible. Lo que nadie previó, eso fue lo que ocurrió en el cuarto capítulo de esta novela triste y dolorosa para el “Chocolatito”. 

“Nada más triste que ver a Román tumbado”, bien podría escribirse parafraseando al gran Rubén, viendo en la lona, aturdido y derrotado, al que hace algún tiempo era considerado el mejor boxeador libra por libra del mundo. 

Desde el génesis del combate Rungvisai se adueñó de la iniciativa, y dejó claro de que estaba dispuesto a convencer de su potencial y poderío, mientras Román cedía y no daba señales de tener una estrategia que no fuera la misma de la pelea anterior: quedarse en la zona de fuego, aunque el riesgo fuera mayúsculo.

Aquí una descripción round por round del combate que fue lo que nadie esperaba y que tuvo un final tan trágico, que pareció haber sido sacado de una película de terror. 

Rungvisai domina. El boxeador tailandés llegó al combate con la misión de demostrar su categoría como campeón y lo hizo desde el primer asalto, logrando acomodarse tan rápido que pronto se mostró como el dueño del cuadrilátero, mientras tanto, Román se presentaba temeroso, cuidándose de los cabezazos del rival. Los primeros golpes los tiró Srisaket sin ser preciso. Román tardó en mostrar sus primeros puñetazos. El asalto fue para Rungvisai 10-9, pues se mostró más suelto y seguro, enviando señales de lo que estaba dispuesto a hacer.  

Sostiene el ritmo. Rungvisai avanzó hacia el centro del cuadrilátero y no perdió la comodidad adquirida en el primer asalto, es más, pareció más decidido a establecer el orden a base de golpeo de poder. Por su parte, Román, siempre cuidadoso con la cabeza de su adversario, empezaba a tirar más golpes y daba destellos de esa precisión que lo ha caracterizado a lo largo de su carrera. Sin embargo, el tailandés, rudo y decidido, iba siempre hacia adelante, como quien no le teme a nada. Volvió a mostrarse como el amo y señor del combate, apuntándose el round 10-9.  

Román dice presente. De inicio Rungvisai siguió siendo el gobernante en el centro del entarimado, pero no por mucho, pues un “Chocolatito” decidido empezó a mostrar de lo que es capaz. En intercambio de golpes el nicaragüense sacó la mejor parte y le hizo recordar a Sor Rungvisai que estaba peleando con el mejor de los pesos pequeños. En este asalto que ganó González 10-9, se vio a ese “Chocolatito” que domina y que recurre al gancho al hígado como arma para frenar el ímpetu de su rival. Tras este asalto, pese a no ver ningún cambio de estrategia en la propuesta de González, se creyó que iría mostrándose cada vez más dominante, como en la primera pelea.

El round de la tragedia. Román decidió mantenerse en la zona de fuego y eso fue una gran noticia para Rungvisai, que se sentía cómodo peleando en la zona corta. La contundencia de los golpes del tailandés era innegable y pronto quedó en evidencia de la peor manera posible para el nicaragüense. A los 45 segundos una derecha monstruosa de Srisaket se estrelló en el rostro de Román y este no pudo mantenerse de pie, y recibió el conteo, era tan solo el prólogo de lo fatal. Se levantó y aseguró sentirse bien, pero el tailandés no dejó de acosarlo y al minuto con 18 segundos volvió a conectarlo con otra derecha que lo tumbó de forma espeluznante. Román se estiró en la loma, el réferi decidió ni siquiera iniciar el conteo. Fue lo correcto, no había por qué hacerlo, ya todo estaba consumado. El ídolo había sido derribado.