•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Cayó “Chocolate”, y dos veces. No lo podía creer. Román terminó dramáticamente destruido en ese cuarto asalto, mirando hacia la nada, quizás deseoso de que lo dejaran ahí, en el piso, hasta el amanecer del día siguiente. Estaba inerte, como si hubiera perdido el alma de boxeador. El país sintió que todos sus huesos sudaban y le dolían.

Yo también me siento noqueado. Ando buscando algo que sé qué es, pero trato de no recordar qué es: la determinación que siempre caracterizó a “Chocolatito”, sus combinaciones de golpes rectos, aquella mirada fiera, su capacidad de agresión, el permanente gesto de triunfador. Fue algo así como estar empezando a desaparecer, el boxeador y el cronista. Como perder súbitamente al mismo tiempo el presente y el futuro. Como sumergirse en la nada.

Román se vio sin plan

Rungvisai subió al ring como un aplicado alumno que estudió muy bien a su rival y sabía qué hacer, y cómo hacerlo; Román en cambio, sin iniciativa y desorientado, careció de plan y de brújula. Parecía un extraño entre las cuerdas. El previo contraste entre lo que decían los rostros antes del sonido de la campana, se extendió mientras se iniciaba el combate. 

Muy reservado Román, mostró excesiva cautela en el arranque, como si estuviera frente a un desconocido, no peleando una revancha. De entrada, Rungvisai se soltó mejor sin ir a fondo. Exhibía seguridad el tailandés y daba la impresión de semisonreír. En el segundo asalto, mejoró Román en agilidad, pero el tailandés con buen golpeo combinado, cabalgaba sobre mayor determinación y más confianza, sin alardear. Un par de cambios de golpes en centro del ring entusiasmaron. En la tercera vuelta siguió mejor Rungvisai. Su golpeo era más fuerte y frecuente, y aunque Román consiguió tres interesantes acercamientos con buenos cambios de golpes, todavía no se veía orientado, lo cual era una rareza sin precedentes a los nueve minutos.

Rungvisai destructivo

Muy temprano para empaquetar nuestro permanente optimismo y dejarnos atrapar por la preocupación. Pensé: el cuarto asalto es un buen momento para comenzar a hacerse sentir, pero Rungvisai también pensó que podía pisar el acelerador, ir a fondo y someter a prueba si “Chocolate” era capaz de reaccionar. Esa derecha que entró como un arponazo, salió como un rayo desde el corazón de un huracán, y lo partió. Lo vimos levantarse aturdido y el tailandés hizo crecer su furia para liquidarlo. La segunda caía, más estrepitosa, fue sospechada. Junto con él, caímos todos.

Estoy groggy frente a la computadora. Aunque los hechos son testarudos, hay algunos que cuesta creerlos, como este derrumbe de Román en una revancha, que no tuvo ningún parecido con la primera. Si él lo decide, no es el fin. Pero alguna explicación debe tener su falta de todo lo que antes le sobró para llegar a ser instalado como el mejor libra por libra. A esa rareza, no le encuentro ni pies ni cabeza.

Rungvisai: “Sabía que lo iba a noquear”

Jamás dudó que ganaría, incluso admite que estaba seguro de que noquearía a Román González. Srisaket Sor Rungvisai fue un “tren” durante la pelea contra el “Chocolatito” y continuó siéndolo con sus declaraciones. “Para la primera pelea solo entrené dos meses, en esta sabía que lo iba a noquear”, manifestó en declaraciones posterior a su triunfo.

“Esta vez entrené muy fuerte, por cuatro meses y quería demostrarle a todos a qué vine. Peleé por el orgullo de mi país, se lo dedico a Tailandia”, declaró Rungvisai, quien retuvo el cetro supermosca del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), noqueando en el cuarto asalto a un González sin espíritu, dando la impresión de que no preparó alguna estrategia.  

Asimismo, el tailandés fue tajante al ser consultado sobre qué rival desearía enfrentar próximamente. “No le tengo miedo a nadie, voy a pelear con quien sea”, refirió, mientras le recordaban que las opciones eran Naoya Inoue, que previamente noqueó a Antonio Nieves en cinco vueltas, y Francisco “Gallo” Estrada, quien se impuso por decisión unánime sobre Carlos Cuadras.

“Aquí es difícil”

Por su parte, en casa de doña Lilliam Luna, mamá del “Chocolatito”, se encontraba el progenitor de Román, Luis González, y fue claro al decir que “el tamaño del ‘Chocolatito’ es muy pequeño para la categoría, el cambio le perjudicó, los rivales son más fuertes, Román no tiene condiciones para establecerse sobre Rungvisai”. 

“Todo sucede en el boxeo, pero el tailandés es tremendo pegador y le pegó bien en la primera pelea, lo estudió bien y le volvió a ganar. Seamos honestos, esta no es la división para el ‘Chocolatito’. Lo mejor que puede hacer es regresar a las 112 libras, aquí es difícil”, refirió don Luis, nostálgico por ver la caída de su pupilo, pero consciente de que en la división supermosca su hijo no tiene muchas oportunidades.

Si la derrota que sufrió el “Chocolatito” el pasado 9 de marzo había dejado dudas sobre la veracidad del triunfo del tailandés, el nocaut que le propinó anoche a Román despejó cualquier duda sobre las diferencias que existen entre uno y el otro. El Román de boxeo fino y contundente desapareció.