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Para Rivas, ese triunfo por 3-2 sobre los Leones, derrumbando pronósticos en el séptimo juego de una serie final, fue como ganar mil partidos en uno, como atravesar varias vidas cargadas de retos y de momentos duros, de alegrías y también de proezas como lo es haberse coronado exhibiendo una fe en sus posibilidades, contagiosa. Qué fácil fue llegar a la conclusión de que Rivas conquistó el banderín con todo merecimiento, agigantando su pitcheo y sacándole el máximo provecho a un bateo que solo tuvo dos hombres sobre los 300 -uno más que el enmudecido León, y que apenas disparó un jonrón de Yeltsin Solís en la segunda batalla, sin embasados, diferente al único del León, conectado por Marvin Martínez en el primer duelo con dos a bordo.

El reino de los toques

Una final excesivamente nerviosa, con muchos errores, múltiples toques de bola, Rivas estableció un récord de 20 sacrificios, superando ampliamente los 11 de León en el cierre de la temporada de 1980, precisamente frente a los sureños. Sin bateo ruidoso pese al accionar llamativo del estupendo refuerzo Marbel Olivas en los cuatro primeros juegos, acercándose a los 600 puntos antes de ser amordazado en los tres últimos, el mánager Eloy Morales intentó mover a sus corredores hacia delante, sin importar cuantos outs entregara. De esa forma, aun desafiando la lógica del beisbol –si es que existe realmente- con corazonadas, logró mantener constante presión sobre los rugidores, quienes después de ganar con claridad el primer juego, vieron cómo su favoritismo fue reduciéndose, hasta llegar al juego crucial, en desventaja en las consideraciones.

Los dos pilares fundamentales que tenía León para lanzarse en busca de su primer banderín en este “nuevo modelo” de los Pomares, Wilton López y Fidencio Flores, respondieron, pero el equipo de “Panal” Delgado, se trabó ofensivamente y su defensa también flaqueó en algunos momentos cumbres. Fidencio trabajó seis ceros antes de permitir una carrera en el séptimo ponchando a ocho en el duelo inicial ganado por los rugidores contra Carlos Pérez Estrella, con una explosión de cinco carreras en el quinto; regresó Fidencio en el quinto duelo para imponerse cerradamente 3-2 sosteniéndose siete innings y dos tercios completando su soporte; en tanto Wilton no tuvo decisión en el tercer juego después de colgar ocho ceros, y en el sexto partido, dejó el marcador en contra 1-0 por una carrera sucia, trabajando ocho entradas nuevamente. Su 0.00 en efectividad, grafica su esfuerzo. A diferencia de Fidencio, no ganó ni perdió.

Eloy se sintió bien armado

En la acera de enfrente, Eloy Morales buscando algo, encontró petróleo. Marlon Altamirano, quien se fajó bravamente con Wilton, ganó dos juegos como relevista, precisamente los números 6 y 7, que terminaron 2-1 y 3-2, y que mataron a los leones; Levis Montiel y Jensy García se combinaron para una insospechada blanqueada en el juego 4; y Pedro Torres, el casi tirador de no hitter en la semifinal, admitió tres carreras en el segundo juego, pero entregó seis ceros en la sexta batalla, en tanto José Lara, supo aportar en situaciones incómodas. Así que Eloy no se sintió en ningún momento menos que Panal en pitcheo, que es el corazón del juego. Los últimos seis juegos se decidieron por una carrera con Rivas ganando cuatro. El factor decisivo en el naufragio de los Leones, fue el funcionamiento de sus bateadores 3, 4 y 5 en los dos últimos juegos. De 24-0 con una montaña de gente dejada en las bases, tan elevada como la del Himalaya. Cada uno de ellos, solo bateó un hit en el quinto juego, último triunfo de los rugi
dores.

Mirando hacia atrás, la satisfacción de los hermanos Marenco, con Mauricio hablando más fuerte que Óscar, por mayoría de edad, es lo suficientemente ancha. Su joven equipo, no estaba entre los candidatos para avanzar tan largo y coronarse. Los sureños ofrecieron un beisbol alegre, atrevido y más efectivo. No hay manera de cuestionar su conquista, y eso es motivo de orgullo. León era el favorito, pero Rivas se agigantó lo necesario para provocar el impacto fabricando un milagro. Un milagro que no es tal, cuando se demuestra que se puede ir más allá de las posibilidades reales a base de agallas y con fe en superarse.