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Hoy se cumplen siete días de la derrota estrepitosa de Román “Chocolatito” González ante Srisaket Sor Rungvisai. He visto el video solamente un par de veces, confieso que prefiero evitar esas imágenes, pues todavía sigo impactado por lo que viví en Carson, California. Duele mucho la manera en como un boxeador legendario y futuro miembro del Salón de la Fama, como Román, cayó de esa manera tan grotesca.

Obviamente que su derrota trajo consigo consecuencias muy duras. Una de ellas fue salir del ranking de los mejores libra por libra de The Ring. Como es costumbre en las derrotas, siempre se quiere encontrar algún culpable para explicar lo sucedido; no obstante, en las victorias nadie es señalado, todo es perfecto.

Honda se equivocó 

Uno de los principales señalados, principalmente por algunos colegas, a los cuales respeto su opinión, fue Carlos Blandón, apoderado del “Chocolatito”. Algunos le reclaman un mal manejo de la carrera de Román, pero de repente se olvidan que quien está detrás de cada decisión y el que tiene el mayor poder es el japonés Akihiko Honda, promotor internacional del tetracampeón. Además se olvidan que es el peleador el que tiene la última decisión. 

Es Honda el que amarra las peleas, es Honda quien ofrece las bolsas, los rivales, y es el mismo Honda quien decidió llevarse a Román a Japón durante mes y medio para realizar un campamento inestable. Y digo inestable porque Honda puso a Sendai Tanaka y a un preparador físico nipón. Fue Honda quien cambió el equipo de trabajo y aisló al muchacho, incluso hasta de la prensa, según lo expresado por el mismo peleador en una plática que tuve con él en ESPN.

¿Por qué no se señala a Honda? La decisión de poner a Tanaka fue un error descomunal. Confieso que soy uno de los que estaba de acuerdo con darle un cambio a la esquina, pero no con retirar a Wilmer Hernández del equipo. ¿Cómo creer en un campamento estable cuando un entrenador abandonó a Román dos veces durante su estadía en Japón? ¿Tiene lógica que, para una pelea trascendental, Tanaka aparezca un día antes de la ceremonia de pesaje? Claro que no.

Y no se trata de estar encontrando culpables, pero sí de ser objetivos y de darle su cuota de responsabilidad a cada uno, no con el fin de hacer leña del árbol caído, sino que esas fallas sirvan para modificar y hacer las cosas de la mejor manera. 

El aislamiento es malo

Muchos sabemos que Román desde hace un par de años le ha exteriorizado a su entorno su deseo de retirarse pronto del boxeo. Es conocido que “Chocolatito” perdió motivación y es normal, se entiende, no es fácil estar peleando desde niño, no es sencillo ganar cuatro coronas, tener la carga de un país, aguantar las críticas, muchas injustas.

En una plática que sostenía con un amigo, me decía que “el haberlo alejado de su entorno, sus amigos, en vez de ayudarle, le afectó. En estos momentos que necesitás estar cerca de tu círculo de confianza”. Para esta pelea Román no estuvo con su papá, Wilmer tampoco le acompañó y su hermano se quedó en Nicaragua. Era común ver a sus más cercanos en la última semana previa al combate, esta vez no estuvieron todos, solamente Henry Membreño y no de forma tan directa.

El lenguaje corporal de Román durante esa semana antes de la pelea y el propio día del combate quizás pueda decirnos que algo estaba pasando. Eso solo él lo sabe y quizás en su momento lo hable abiertamente para entender mejor la situación.

No debe retirarse

Lo importante es que Román al menos ha reflexionado un poco y dijo que no se iba a retirar. Un campeón como él no merece irse de esa forma. Entiendo que esté cansando y merece estar con su familia, disfrutar, salir, reposar, compartir con su novia y amigos más cercanos. Sin embargo, Román tiene que entender que el boxeo aún le necesita.

Las categorías pequeñas necesitan el resurgimiento de su gran estrella, porque la noche del sábado 9 de septiembre no solamente perdió González, sino que también fue una derrota para el “Gallo” Estrada, Carlos Cuadras y Naoya Inoue. El descalabro los salpicó a ellos, pues enfrentar a Román les garantizaba una jugosa bolsa que ahora no tendrán.

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