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“Te informo que me llamaron. Era lo que esperaba, y voy para quedarme”, me dijo sin poder disimular su excitación a través del teléfono Denis Martínez, aquel mediodía del 9 de septiembre de 1976, con la rotativa del periódico en movimiento con la edición de la tarde, obligándome a esperar 24 horas para publicar la noticia. No existía el internet y el interés por el movimiento de peloteros de Ligas Menores hacia la Gran Carpa, aprovechando la ampliación de los rósteres en septiembre, era muy limitado. Solo podíamos percatarnos a través de las agencias internacionales. Ni AP, ni UPI, ni France Press lo registraron. Ni siquiera los superacuciosos Tito Rondón y Hans Bendixen, auténticos sabuesos busca noticias, lograron la captura. Así que mi felicidad fue total al aparecer la nota con el título obvio: POR FIN, UN NICA EN LAS GRANDES LIGAS.

Cada vez que recordamos esa llamada, le digo a Denis que no creí que cumpliría el compromiso de hacerla cuando ocurriera, porque entre la agitación del momento, se le olvidaría. No fue así. “Llamé a Tony Castaño, llamé a mi gente y cumplí mi compromiso con vos”, me respondió. Podían habérsele adelantado Francisco “El Zurdo” Dávila, José Ángel “El Chino” Meléndez, Duncan Campbell —quien estuvo a la orilla—, Rigoberto Mena y también Tony Chévez, el derecho de Telica que tanto llamó la atención de los Orioles de Baltimore y viajó junto con Denis al campamento de los pájaros en Miami, cobijados por nuestras esperanzas.

Pisó el aceleradorDenis es el máximo ganador latino de todos los tiempos.

“Llegué agigantado”, recordó Denis mientras conversábamos en su casa de Miami para el libro “¡Bravo Denis!”. “Acababa de conquistar las tres coronas del pitcheo en Triple A con el Rochester y estaba muy ansioso, seguro de no regresar a las menores”. Sus 14 victorias por 8 derrotas, con 16 recorridos completos a lo largo de 180 entradas, ponchando a 140 y registrando 2.50 en carreras limpias, capturando el nombramiento de pitcher derecho del año en la Liga Internacional, obligaron a su promoción inmediata, obtenida a puro pulso.

El éxito, en cualquier acción de la vida, es una amalgama de régimen, eficiencia, esfuerzo y suerte. Denis logró reunir esos cuatro factores y su ascenso fue meteórico. Ingresó en las Menores en 1974 y en 1976 estaba debutando en las Grandes Ligas… Fue necesario esperar cinco días desde el llamado soñado, para estremecernos al percatarnos del ansiado debut. El mánager Earl Weaver, atravesando serias dificultades, decidió entregarle la pelota con la misión de cortarles el impulso a los Tigres de Detroit, que rugían tan fuerte en el Memorial Stadium de Baltimore, dando la impresión de no creer en nadie. Las “fieras” de Ralph Houk habían despedazado a Ross Grimsley y Dave Pagán con siete carreras en los primeros tres episodios y un tercio, y parecían decididas a seguir masticando a cuanto pitcher les colocaran en frente, cuando Denis fue enviado a las  brasas.

Aquellos tres ponches

“La emoción se comió los nervios que podía tener. Yo quería estar en el montículo y la oportunidad había llegado. Miré al cielo, me encomendé al Señor y fui al encuentro de mi destino”, expresó al día siguiente vía telefónica.

Fue algo formidable la presentación de credenciales de Denis. Durante cinco entradas y dos tercios, el nica “a lo Manolete” les quitó orejas, melenas y rabos a los Tigres. Con la maestría de Goya, pintó solo ceros en la pizarra y apenas cedió cuatro imparables, aislados todos. Ponchó a los tres primeros hombres que enfrentó y luego les dio de comer con la mano a los Tigres durante el resto del trayecto.

Cuando Martínez subió a la loma, el juego estaba 7-5 en favor de los rugidores, que anotaron dos en el segundo, cuatro en el tercero y una en el cuarto. Denis entró ponchando a Mike Stanley, Bill Freehan y Chuck Scrievener apagando el furor. En el cierre del tercero, los Orioles con una ruidosa arremetida de cinco carreras acortaron distancia después de estar perdiendo 6-0, y un ataque decisivo que agregó cuatro en el cierre del séptimo le permitió a Martínez convertirse en el primer pitcher de Nicaragua y Centroamérica que ganaba un partido en las Grandes Ligas. El marcador final fue 9 por 7.

Paz hermanos tigres

Después de 41 años hay quienes se preguntan: ¿Cuál fue el line-up de los Orioles en el debut de Denis?... Al Bumbry estaba en el jardín central funcionando como primer bate, más adelante reemplazado por Paul Blair; Bobby Grich en segunda, con Reggie Jackson en el tercer turno y patrullando el rincón derecho; Lee May en el rol de bateador designado, como cuarto leño, y detrás Ken Singleton en la pradera izquierda; Doug Decinces en la esquina caliente, entregándole el guante a Brooks Robinson para los innings finales; el zurdo Tony Muser en la inicial; Mark Belanger en el short stop y el zurdo Ross Grimsley, quien trabajó dos entradas y un tercio como abridor; siguió Dave Pagan, obligado a salir huyendo después de permitir cuatro carreras mientras sacaba tres outs, y cerró Martínez, el prospecto producto del beisbol nica, inmenso, con recorrido de cinco y dos tercios sobre la brillantez del arcoíris ponchando a cinco, cediendo cuatro hits y solo una base por bolas.

“Cuando Denis entró, látigo en mano, les gritó: ¡paz hermanos tigres!, y los amordazó. A partir de ese instante, resurgieron los Orioles”, escribí en mi nota ese día, atrapado por la emoción.

El pinolero enfrentó a un equipo que colocó a Marvin Lane en el bosque central, Ben Oglivie en primera, Rusty Staub en el lado derecho de los jardines, Willie Horton como designado, Alex Johnson en el jardín izquierdo, Mike Stanley en tercera, Bill Freeham detrás del plato, Chuck Scrivener en la intermedia y Mark Wagner en el short stop. Abrió Vern Ruhle y siguieron Dave Lemanczyk, John Hiller y Bill Laxton… Minutos después, recibimos la primera fotografía: Denis felicitado por Lee May. Después de tantos años de espera, desde antes que el Mombacho apareciera en escena y el Gran Lago comenzara a llenarse, por fin, un nicaragüense aterrizaba en la Gran Carpa.