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El empate final en la más esperada pelea del año, ha sido el tema obligado en el inicio de la semana. La batalla entre Gennady Golovkin y Saúl Canelo Álvarez divide opiniones sobre quien mereció ganar, unifica las críticas sobre la inusual puntuación de la juez Adelaide Byrd y en general, reúne consenso sobre el gran espectáculo que brindaron los dos rivales en el
cuadrilátero.

El combate por la supremacía en el peso mediano rompió con las malas expectativas previas y sorprendió positivamente desde lo deportivo con un electrizante choque de estilos y estrategias. El 2017 pintaba para ser un año para el olvido en materia de grandes eventos, gracias al fiasco de Canelo vs. Chávez Jr. y la farsa de Mayweather vs. McGregor. Sin embargo, esta vez sí, la tercera fue la vencida y desde lo que desea ver el fanático, emoción y entrega, la batalla cumplió con lo prometido. Pero, cuidado, no por cumplir los rivales, ya basta para santificar lo visto. Hay un recuento donde se pueden repartir tanto daños como beneficios.

Los daños

La Comisión Atlética de Nevada definitivamente perdió la credibilidad y deberá reinventarse. Desde hace un buen tiempo y bajo su órbita se siguen cometiendo equivocaciones. Algunas
graves y otras no tanto, pero la repercusión mediática de los eventos que se organizan en Las Vegas parece que está superando su capacidad para ser la principal garantía de que todo
transcurra dentro de la normalidad.

La última perla fue aprobar la pelea de Floyd-McGregor. El error en el puntaje de la jueza Byrd, puede ser un error humano, pero, para desgracia de la comisión, cualquier cosa mala proveniente de esa comisión, solo será más de lo mismo. La cartelera de Golovkin vs. Canelo era la más esperada del 2017, la que necesariamente debía reivindicar lo mejor del boxeo profesional y la que necesariamente merecía tener un respaldo acorde a esa importancia. Nada de eso ocurrió y una vez más fallaron HBO y Golden Boy Promotions. A la pelea estelar le faltaron grandes nombres en el respaldo y por una razón elemental. Este tipo de eventos acercan al boxeo a fanáticos no habituales y necesariamente debemos ofrecerles como aperitivo a figuras ya impuestas para que el interés sea verdadero.

Eso no ocurrió y fue, quizás, el punto negativo de una pelea estelar que llenó todas las expectativas. Adelaide Byrd vio otra pelea y cuando todos debían hablar de la justicia de un empate, infelizmente, se aprovecharon del horror de su tarjeta para establecer errónea y equivocadamente la existencia de un robo o una estafa en el T-Mobile. Byrd tuvo el triste honor de jalar el gatillo de la inconformidad y les dio munición pesada a los activistas del reclamo. Su suspensión no apaga el error y pese a su largo pasado juzgando peleas, como siempre la historia olvidará sus aciertos y será recordada por esta metida de patas.

Los aciertos

La pelea mostró un muy bien definido choque de estilos y estrategias, algo que favoreció su lectura. No siempre que se producen choques de estilo las dos partes conforman a la
mayoría. Al fanático en general lo seduce el estilo agresivo, el rival que pone presión y busca el intercambio abierto. Esta vez, los estilos se complementaron de manera homogénea y lograron un explosivo equilibrio. Los rivales y su entrega conformaron el mayor logro de la pelea. Pese a todas las especulaciones negativas y sospechas - fundamentadas o no - sobre la posibilidad de que nos repitieran el fiasco de grandes eventos anteriores, ambos demostraron un alto espíritu deportivo. No hubo especulaciones, no hubo un rival que demostrara algún tipo de amnesia boxística a la hora del combate ni tampoco se dieron concesiones. Se golpearon duro, buscaron lastimarse y generaron un apasionante duelo del boxeo que todos merecen ver.