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Me parece una excelente decisión la que tomó Carlos “Chocorroncito” Buitrago de irse a Miami a realizar su campamento de entrenamiento, de cara al enfrentamiento de título mundial 105 libras de la Federación Internacional de Boxeo (FIB), que sostendrá contra el monarca japonés Hiroto Kyoguchi, a finales de diciembre en Tokio, Japón.

Pero no solo basta decidir salir del país para tener una súper preparación, tampoco eso es sinónimo de éxito, ni significa que en Nicaragua no se puedan obtener condiciones físicas extraordinarias. Ya vimos el ejemplo de Byron “El Gallito” Rojas, quien se concentró en Matagalpa, se fue a Sudáfrica y conquistó un título contra pronósticos derrotando a Hekkie Budler. 

A mí lo que me preocupa es el enfoque, la determinación y el tiempo de preparación para esta pelea. Carlos dice que se tomará dos meses, un total de cuatro semanas de campamento, lo que me parece una decisión no tan sabia por un factor principal, y ese es el peso. ¿Saben cuándo fue la última vez que Buitrago marcó 105 libras? El 4 de febrero del 2016, lo que significa que prácticamente llegará a enfrentamiento de diciembre con 22 meses sin hacer ese peso.

Con 26 años, el cuerpo de un peso mínimo exige subir de categoría. ¡Y ojo! Estoy completamente seguro de que Carlos va a marcar 105 libras, porque puede hacerlo, lo que presiento es que lo hará con sufrimiento, desgastándose al máximo, corriendo el riesgo de no tener una recuperación óptima y subir al ring con el cuerpo en estado de flaqueza, deshidratado. 

Estamos a pocos días de que finalice septiembre, ya viene octubre. Buitrago ha dicho que se va en la segunda semana a Miami, aproximadamente entre el 15 y 20 de ese mes. ¡Mala decisión! Mi consejo sería que replantee su decisión y decida viajar en los primeros días, contando así con el tiempo suficiente (tres meses) para tener un entrenamiento no para hacer el peso, sino para obtener condiciones físicas excelentes y ganar el oxígeno necesario que garantice una lluvia de golpes desde el primer round.

Esta pelea puede ser la última oportunidad de su carrera, la de redimirse totalmente o de tocar el fango del fracaso por cuarta ocasión. Ojalá recapacite.