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Un aire suave de pausados giros silba graciosamente mientras se acerca la apertura del nuevo Estadio Nacional Dennis Martínez. Apunté cómo el asombro me golpeó en la mandíbula sacudiendo mi cabeza, al realizar un recorrido de la mano de la incredulidad por sus pasillos, vestidores, dogouts, cabinas, palcos preferenciales, sky-box y el terreno de juego. Una maravilla de estadio, una joya como bien dijo Nemesio Porras al borde de las lágrimas, genuinamente emocionado, ayer durante la conferencia de prensa. Pero a la orilla del entusiasmo natural y del orgullo consecuente, una enorme preocupación aguijoneada por la duda que siempre provoca nuestra mediocridad en rendimiento, con el agregado de la falta de experiencia: ¿Se podrá garantizar el nivel de mantenimiento requerido para una instalación que lo demande con tantas exigencias? 

El mayor reto

Quisiera creerlo, pero me cuesta. Sin exagerar, me parece más viable haber construido ese estadio que hoy danza frente a nosotros con una brillantez casi cegadora, que asegurar su cuido. Ese debe ser el mayor reto imaginable. He visto parques, como los de Miami y Guadalajara, cada uno de ellos con cinco años de utilidad, y da la impresión de haber sido inaugurados ayer. El factor clave, en cada caso, es el mantenimiento. Hay un jefe de operaciones, alguien especializado, y suficiente personal. No se deja nada pendiente, ni una hoja flotando. Recuerdo que el comandante Arce, después de haber estado en el Clásico que tuvo por escenario en Guadalajara el estadio de los Charros en Zapopan, me dijo: cuando salimos una noche, lo que quedó de desperdicio parecía un caos y al día siguiente, para el juego programado temprano, todo nítido como si no se hubiera usado.

Que no envejezca

Sería triste, y sobre todo doloroso, que no se le proporcione a ese estadio por ahora tan reluciente, el mantenimiento necesario. Bayardo me decía que podría ser necesario importar un responsable de esa tarea. Se están vendiendo boletos que permiten estar en unos 200 juegos por año, sin incluir algunos espectáculos artísticos. Se trata de un ajetreo mayúsculo. No queremos ver otro estadio con síntomas de envejecimiento, un año después, y ni pensemos con un recorrido de cinco años… Pienso que es necesario enviar a Miami y Guadalajara algunos prójimos a familiarizarse con la tarea. Ningún aprendizaje tan cargado de detalles es sencillo, de eso tenemos que estar claros. Hay tanto que cuidar de nuestra irresponsabilidad, mala educación y hasta salvajismo, que se necesitan muchos ojos y mucha determinación. Esa joya que graficó Nemesio lo exige