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Ganaron los Nacionales 6-3 un partido que perdían por dos carreras en el octavo y parecía liquidado. Una vez más se demostró que en beisbol no hay nada escrito. Dos truenos quebraron el silencio en las tribunas del Estadio de Washington. Perdiendo 3-1 desde el cuarto episodio y con su bateo sumergido, los Nacionales reaccionaron contra los relevistas Carl Edwards Jr. y Mike Montgomery en el octavo episodio haciendo girar la pizarra, mientras el parque se movía, danzando, sonriendo, saboreando el néctar de la urgente victoria. 

Jonrón de dos carreras de Bryce Harper borró la desventaja y galvanizó a los Nacionales, que intensificaron su presión colocando a dos en circulación, sacando a Edwards de la colina, quedando Montgomery frente a Ryan Zimmermann. El veterano de 33 años que nunca ha vestido otro uniforme, elevó una pelota que descendió con cierta majestuosidad detrás de la pared del jardín izquierdo, produciendo tres carreras. La diferencia de 6-3, fue protegida por el zurdo Sean Doolittle, quien supo apretar tuercas.

Jonrón de Anthony Rendón contra el abridor de Chicago Jon Lester en el cierre del primer inning, adelantó a los Nacionales estimulando a la multitud aferrada a la posibilidad de nivelar la serie. Poco tiempo se disfrutó ese 1-0. Los Cachorros respondieron con el jonrón solitario de Wil-son Contreras en el inicio del segundo inning sobre un lanzamiento de Gio González, y saltaron al frente 3-1 con el estacazo de Anthony Rizzo en el cuarto, después del doblete de Kris Bryant. El zurdo Lester, batallando con algunas dificultades de control, mantuvo esa ventaja hasta que fue retirado el en séptimo entregándole la pelota a Pedro Strop, quien colgó el cero del séptimo. Después, vino el derrumbe del bullpen de los Cachorros y los jonrones de Harper y Zimmermann, evitaron que los de Washington amanecieran en el hoyo.

Pueden morir hoy

Medias Rojas y Yanquis, intentan hoy emerger de entre las cenizas y cobrar vida frente a Astros e Indios, dos equipos superiores que casi alcanzaron el mismo nivel de rendimiento en la temporada regular, separados apenas por un juego, 102 triunfos del equipo de Cleveland que registró una racha asombrosa de 22 victorias, y 101 de los temidos Astros. ¿Cómo salir del hoyo? es la gran intriga que escapa a cualquier libreto de Agatha Christie. 

Los de Boston ganaron 93 juegos, una cifra estimable y cuentan con suficiente armamento para ser competitivos frente a cualquier rival, pero no lo han sido ante estos Astros desbordados, implacables, que han confeccionado dos claras victorias por 8-2, masticando al “as” Chris Sale y Drew Pomeranz, con una ofensiva extraordinariamente funciona encabezada por José Altuve, campeón bate de la Liga Americana, quien explotó con tres jonrones en el primer juego. Obligados a utilizar como relevista al zurdo David Price, los Medias Rojas estarán hoy frente a lo utópico, quizás con Rick Porcello, ganador del Cy Young 2016, pero un perdedor de 17 juegos esta temporada. Digo quizás, porque se está manejando la posibilidad de volver a utilizar a Chris Sale, quien explotó rápido en la primera batalla. Pensar que Boston es capaz de ganarle tres seguidos a estos Astros, es no tener la cabeza en su lugar.

En tanto los Yanquis, incapaces de defender una ventaja de cinco carreras el viernes, dejando escapar la oportunidad de equilibrar la serie, van a depender del derecho japonés Masahiro Tanaka (13-12 y 4.74, extrañas cifras), frente al ímpetu y la inspiración de un equipo que no ha perdido un centímetro de su crecimiento como estos Indios, que fueron golpeados al ver explotar a su figura cumbre monticular Corey Kluber en el segundo duelo, pero confían en el ganador de 18 juegos, el venezolano Carlos Carrasco, para rematar a los de Nueva York en su propio patio. Repito lo ya apuntado con los Medias Rojas: pensar que los Yanquis son capaces de ganarle tres seguidos a los Indios, es no tener la cabeza en su lugar.