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La de ayer fue una noche distinta en el Aeropuerto Augusto C. Sandino. De pronto, la cotidianidad a veces monótona de esta terminal de aviones fue interrumpida por decenas de personas que con pancartas, pitos y gritos de ¡sí se pudo! esperaban ansiosas el arribo de sus pequeños héroes, los niños de la selección nacional sub-10 que con un juego chispeante, dinámico y apasionado lograron quedarse con la medalla de oro del Campeonato Panamericano realizado en Reynosa, México, revalidando un título que hace un año y en suelo nica habían conseguido derrotando en la final a Panamá. 

Vestidos de azul y blanco, con la medalla de oro guindando en sus cuellos de niños y con el trofeo delante de ellos, así llegaron los monarcas, con sus rostros sonrientes y un tanto tímidos ante las cámaras que los acosaban intentando tener de ellos el mejor perfil. Estaban pagando el precio de haberse convertido en figuras nacionales.

Tras una comparecencia ante los medios, los pequeños gigantes corrieron a los brazos de sus padres, quienes los arrullaron con tanta fuerza que parecían estar intentando recuperar en unos minutos todos los días que no los tuvieron cerca.  Aquello era como estar viendo uno y otro cuadro familiar pintado en las paredes de la sala VIP del aeropuerto. Fue en realidad muy emotivo, así como suelen ser los reencuentros de quienes se quieren sin límites.

Luego de la reunión con los padres, los campeones salieron en busca del autobús que los trasladaría a sus hogares, pero antes se encontraron con una multitud que gritaba sin parar y deseaba devotamente gozar del privilegio de tenerlos cerca para felicitarlos por el gran trabajo hecho en suelo mexicano. La escena era de abundante júbilo, ahí no había espacio para lamentaciones, todo era gritos, silbidos y sonrisas.

Emocionados

De todos los peloteros, uno de los más emocionados y solicitados fue Wilfredo Centeno, la principal figura de la selección nicaragüense y del torneo. Cargando los cinco trofeos que daban crédito de su gran actuación, el Jugador Más Valioso del juego final contra México, manifestó que “hicimos las cosas bien, estábamos empeñados en hacer un gran trabajo y al final pudimos lograrlo, le trajimos a Nicaragua la medalla de oro”.

Por su parte, Juan Carlos Urbina, otro de los destacados peloteros de esta triunfante selección, señaló que “me llena de mucha alegría haberle cumplido a mi país, todos en la selección sabíamos que en Nicaragua estaban esperando esta medalla y pues dimos nuestro mayor esfuerzo para conseguirla”. 

“Misión cumplida”

Figura indiscutible de esta selección que solo perdió uno de ocho desafíos en todo el Campeonato Panamericano, es la mánager Angélica Ramírez, la primera mujer al frente de una selección nacional de beisbol. Con su admirable trabajo en campeonatos nacionales se ganó la oportunidad de estar al frente de un combinado nacional y respondió al máximo con las expectativas. 

“Agradezco la confianza que depositaron en mí para demostrar de lo que soy capaz”, dijo Angélica, quien además manifestó que la clave para lograr la medalla de oro fue “actitud, confianza y entrega”. 

“Esta medalla pudo conseguirse gracias a la entrega que cada uno de estos niños demuestra cuando entra al terreno de juego y a la responsabilidad que pese a su corta edad demostraron ante cada desafío”, manifestó la timonel, que seguramente tendrá en el futuro la oportunidad de dirigir a otra selección nacional.