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Greg Bird quebró esa olla de presión en la que hervía el empate 0-0 en el cierre del séptimo inning. El batazo se elevó majestuosamente entre la oscuridad de la noche y se perdió de vista. Dio la impresión que esa pelota nunca cayó, simplemente desapareció. Ese trancazo que no pareció ser de zurdo contra zurdo, dejando aturdido al usualmente mortífero Andrew Miller, estableció la diferencia por 1-0 que le permite a los Yanquis seguir con vida, aunque atrás 1-2 en la serie. El equipo de Nueva York malogró una excelente posibilidad de ampliar en el cierre del octavo, dejando a Brett Gardner en segunda sin out, pero el rematador cubano Aroldis Chapman, agigantado, trabajando una entrada y dos tercios, escapó ileso pero sudando y sufriendo, a los hits de Jason Kipnis y José Ramírez con un out en el noveno. Su faena garantizó la urgente victoria yanqui que alarga el suspenso después de la dolorosa derrota por 9-8 en la segunda batalla. 

¡Qué pitcheo!

El pitcheo visto en las primeras cuatro entradas fue excesivamente dominante. Los bateadores se mostraban indefensos frente a los lanzamientos de los derechos Tanaka y Carrasco. Un hit de los Yanquis amordazados por seis ponches, y dos de los Indios, también con seis “kaes” en contra. El único peligro había sido fabricado por el triple de Jason Kipnis con un out en el inicio del cuarto inning, que exigió de Tanaka, ponches consecutivos a Ramírez y Bruce, los bateadores 3 y 4 en la alineación de la tribu. 

Ese dominio continuó con Carrasco pintando un cero rápido en el quinto, en tanto Tanaka sobrevivía a un boleto otorgado a Santana en el inicio de ese episodio con el respaldo de un fulminante doble play, y en el sexto, al hit abridor de Roberto Pérez, con una gran atrapada de Judge, sacando del segundo piso en un estiramiento, a esa bola altera nervios bateada por Lindor, que amenazaba descender detrás de la pared del jardín derecho. En la fecha en que se recuerda el juego perfecto de Don Larsen, único en las historia de Series Mundiales, el duelo de pitcheo mantenía a la multitud atornillada por ese 0-0.

Gran scone

Carrasco estuvo en el hoyo en el cierre del sexto, pese a que el doble play realizado por Lindor sobre un batazo potente de Gardner con Aaron Hicks circulando, montó el inning en dos outs con las bases limpias. Pasaporte a Judge en un pitcheo de cuenta completa, hit de Sánchez al centro y otro boleto a Gregorius llenaron las bases de yanquis. El público se levantó mientras el zurdo Andrew Miller reemplazaba a Carrasco para apretarle el cuello a Starlin Castro, obligándolo a elevar hacia el short. Un cero cargado de suspenso.

El inmenso jonrón de Greg Bird como primer bateador en el fondo del séptimo, quizás sorprendiéndose a sí mismo, sepultando aquello de zurdo contra zurdo, proporcionó a los Yanquis la ventaja de 1-0 con seis outs pendientes. El pitcheo tambaleante de David Robertson apresuró el ingreso de Aroldis Chapman para colgar el cero del octavo con dos ponches y resolver el noveno balanceándose en el filo de la cuchilla después de admitir hits seguidos de Kipnis y Ramírez con solo un out. El cubano ponchó a Bruce y dominó a Santana, terminando de apretar el cuello de los Indios en la tercera batalla.