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Toda la presión cayó. Cuando los peloteritos de la selección sub-10 de Nicaragua pusieron fuera a Gustavo Vargán y lograron el out 27 del partido final, en el estadio Lita Peña de Garza Cantú de Reynosa, Tamaulipas, los niños por fin pudieron desatar su alegría, como nunca durante el torneo.

Cada victoria de la Azul y Blanco en el Panamericano fue celebrada con desborde de júbilo, pero esa victoria, la que les dio la medalla de oro por segundo año consecutivo, fue celebrada de manera especial. Tenía sabor a oro.

La tarde de martes 26 de septiembre, cuando partieron de Managua en el vuelo 622 de Aeroméxico, los pequeños beisbolistas mostraban entusiasmo y la confianza de haber entrenado tres meses continuos; la mayoría se conocían desde antes en diferentes campeonatos infantiles de los departamentos del país.Aeroméxico facilitó el traslado de la selección sub-10 de Nicaragua hasta Reynosa.

Angélica Ramírez, la mánager, parecía muy segura y también un poco acongojada por los niños que tuvieron que salir del equipo en el proceso de elegir a los mejores. “Si hubieran visto cuando estábamos haciendo la selección y tuvimos que sacar a algunos niños; los que se quedaron estaban llorando por los que se fueron”, comentó.

Antes de abordar el avión, Angélica hizo algo que se convertiría en parte de los previos a cada juego del campeonato: Una oración para pedir a Dios la protección. El viaje iniciaba con esperanzas y sueños para los pequeños peloteros que llevaban la misión difícil de enaltecer a Nicaragua en el torneo internacional.

La primera prueba difícil llegó el 29 de septiembre, dos días después de establecerse en la ciudad de Reynosa, la sede del Panamericano. Enfrentaron a la novena de Panamá, en el estadio Ingeniero Manuel Pavón Mortera, un campo con escasas condiciones para jugar beisbol. Tenía poca grama y el terreno estaba algo desnivelado, pero la mánager Ramírez fue optimista y declaró: “Estos chavalos están acostumbrados a jugar donde sea, y donde sea son buenos; en sus departamentos juegan beisbol en cualquier lugar, en terrenos peores que este. Así que, aquí vienen a ganar”.

Sus palabras fueron premonitorias y ese día los niños nicas vencieron 3-1 a los panameños, pese a las constantes protestas del mánager panameño por decisiones de los árbitros.

Los jugadores de los diferentes equipos siempre celebraban juntos, pero con respeto. Ese día, cuando ambos equipos (Panamá y Nicaragua) retornaban al hotel, nadie mencionó la victoria; los jugadores de ambos clubes iban platicando y jugando durante el trayecto, como si nada hubiera pasado.

Mánager y “mamá”

El segundo rival de Nicaragua fue Perú, pero la lluvia impidió que el encuentro se realizara el 30 de septiembre, y esperaron al día siguiente. Eso significó para la selección nica jugar dos veces el mismo día, primero contra Perú y después con República Dominicana.

A los primeros los vencieron 25-1, demostrando un gran poderío. Contra Dominicana, el marcador también fue abultado a favor de los nicas: 10-3.

Aunque realizaron dos partidos en un solo día, los niños nicaragüenses no mostraron cansancio y esa noche, como sucedió casi todos los días, la selección se reunió en la habitación de la mánager para hablar de beisbol, ver televisión o jugar entre gritos, saltos y carcajadas. Pero Angélica siempre actuó con firmeza y los niños la veían como a una “mamá postiza”.

La siguiente jornada fue dura para la selección nacional infantil sub-10, al enfrentar al equipo anfitrión, México. Los aztecas iban invictos, con tres victorias, y ese día los aficionados mexicanos llenaron el estadio para apoyar a su equipo, una presión que al parecer incidió en la concentración de los nicas, quienes cometieron muchos errores en la defensiva y empezaron a perder.

Tras un reajuste, la selección nicaragüense hizo anotaciones pero perdió con una carrera de diferencia. Los niños salieron desconsolados y durante el trayecto al hotel nadie dijo nada, hasta que la timonel de la selección les animó a sentirse mejor, a que rieran y recordaran que todo era solo un juego y debían divertirse y disfrutar de la estancia en México.

La directiva del torneo designó al Ayuntamiento de Reynosa para ser la porra de la selección de Nicaragua, sin importar la hora o el día del partido, los representantes siempre llegaron a apoyar a la Azul y Blanco y les tomaron cariño como ellos mismos decían.

Fue tal el afecto que se ganó la selección infantil nica, que el lunes 3 de octubre el Ayuntamiento de Reynosa organizó una gira por el centro de la ciudad, el mercado y la catedral. Durante el paseo, los jugadores aprovecharon para comprar recuerdos y Erick Gómez adquirió una guitarra acústica. “Sé tocarla un poco, pero ya teniendo la mía, ahora sí voy a aprender”, comentó.

Un día después les tocó enfrentar a la durísima selección de Venezuela, que dependía de la victoria sobre Nicaragua para seguir viva en el torneo. Los nicas hicieron alarde de su poder ofensivo otra vez, con un par de dobletes de Juan Carlos Urbina Jr. y Wilfredo Centeno, y doblegaron a los sudamericanos 6-3.

Nicaragua oficialmente estaba en semifinales, pero debía realizar antes un partido de trámite contra Brasil, al que vencieron por nocaut 10-0.

El día decisivo

En la semifinal, el rival era el peligroso equipo de República Dominicana. “Cada partido es diferente”, decía la mánager de Nicaragua, refiriéndose a que, si bien la selección nacional había derrotado ya a Dominicana, no significa que ahora la tuviera fácil.

Angélica no se equivocó, el conjunto caribeño dio batalla a la Azul y Blanco remontando un 5-2 que tenía en contra, empatando en el séptimo capítulo y obligando a ir a extra innings, pero aquí apareció el batazo más importante del torneo, de Erick Gómez: Un imparable por el jardín derecho con bases llenas, que dejó tendidos a los dominicanos y dio el pase a la final a los peloteritos.

Angélica Ramírez había comentado entre los técnicos, previo al juego: “Yo no sé cómo, pero necesito tener a Erick Gómez en el terreno, ese chavalo es capaz de resolverme un partido”. Su corazonada se hizo realidad y Nicaragua ya era finalista.

El día de la gran final, el ambiente en el hotel era un contraste: Por el lado de México, se podía notar la incertidumbre propia de una final, nadie hablaba nada. Del lado de Nicaragua  todo era diferente: los jugadores se divertían, bromeaban, jugaban, como si hubiese sido el primer día del torneo.

De pronto surge una anomalía: En el hotel, los dos ascensores se dañan y los nicaragüenses, que estaban en el octavo piso, tuvieron que bajar por las escaleras. La selección de México estaba en la segunda planta y, antes de la avería habían bajado todos sus útiles deportivos por el ascensor. Esto no desmotivó a los nicas y con más ganas llegaron al encuentro.

Mientras entrenaban antes del partido final ocurrió la segunda anomalía: Según las reglas, a Nicaragua le correspondía actuar como equipo de casa y el dogout que se les debía asignar era el de la tercera base, pero la organización incumplió y mandó a Nicaragua al dogout de primera base, donde el sol golpeaba fuerte. Pese a la protesta, los nicas aceptaron la nueva regla y prometieron desquitarse ganado el partido.

En las gradas, las selecciones de los otros países, excepto Perú que tuvo que marcharse temprano, estaban apoyando a las dos novenas que llegaron hasta el momento culminante. El partido fue casi perfecto para los nicaragüenses, una carrera en el primer episodio, dos en el segundo, una en el tercero y otra en el cuarto, sin permitir ninguna al adversario.

Los pequeños campeones son hoy los nuevos héroes del deporte nicaragüense y, sin duda, quienes enaltecerán el beisbol en el futuro, en categorías mayores.