•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

¿Escuchan los claros clarines? Ganó Argentina 3-1. Triplete de un Messi encendido, imparable mientras se lo propuso, mortífero entrando al área, espanta los fantasmas de la eliminación y el repechaje. Cohetes en Rusia y en el resto del planeta. Veremos a Messi en el Mundial, así sea como solista.

Antes del primer minuto de juego, Goliat era Ecuador y Argentina el asustado David. El gol de Romario Ibarra recibiendo de cabeza por parte de Roberto Ordóñez ante una desequilibrada defensa argentina, provocó estupor en el planeta futbol. Más que nunca, Argentina necesitaba de Lionel Messi, y el crack gaucho respondió a la exigencia del momento empatando el juego en el minuto 12, adelantando al equipo de Sampaoli en el 20, y sellando el 3-1 con un gol de pincelazo, sacando a Argentina del mar de las dificultades tenebrosas, y garantizándole el boleto al Mundial. ¡Qué bárbaro Messi! El genio saliendo de la lámpara a tiempo para deslumbrar con su destreza y sangre fría, rescatando entre hilachas, el orgullo del futbol argentino. 

“A la altura de Dios”

Y llovieron los elogios: “A la altura de Dios”, tituló Olé el agresivo tabloide deportivo argentino en referencia a la eterna comparación con Maradona; “mesiánico” dijeron en Brasil; “Messi paga el boleto de Argentina al Mundial”; “Vimos once pulgas” fueron otros reconocimientos periodísticos entre el júbilo desbordante. El temor de un Mundial sin Messi, fue sepultado por la actuación cumbre del incansable fabricante de magia. Su superioridad en la cancha, parecía llenar todas las pantallas.

Todos sentimos ser golpeados por aquel gancho de Frazier a la mandíbula de Alí en 1971, cuando un boleo de cabezas entre Ibarra y Ordóñez, mareando a los centrales argentinos, facilitó la precisa entrega de cabeza de este, que Ibarra con espacio, tomó y resolvió con su zurda, sacudiendo los cordeles de Romero. Fue como si súbitamente se abriera una grieta, y las esperanzas de buscar el pasaporte directo en un territorio tan difícil como es el estadio Atahualpa en Quito, fueran tragadas. Lo peor imaginable: Argentina atrás 0-1. Una fonola lloraba. Pese a lo temprano, se sintió algo así como “sus ojos se cerraron y la Copa del mundo seguirá andando”.

El show del mago

Pero estaba Messi ansioso, con suficiente tiempo para deslumbrar mientras provocaba contagio, y en el minuto 12, entrega a Di María que se proyecta por la izquierda y devuelve de inmediato con exactitud milimétrica al espacio vacío en el área, para la entrada de Messi, quien golpea el balón con el costado de su botín zurdo y empata el juego 1-1, comenzando a acariciar un sueño. En el 20, Messi quita una pelota que pretende sacar un defensa en una acción cara a cara de zapatos, avanza dos pasos un poco a su izquierda y suelta el latigazo hincha redes. Aullido mundial. Argentina en ventaja 2-1. Ahí estaba el corazón que se había perdido, como en el tango de Gardel. Finalmente, mientras se batallaba con la angustia que producía cada incursión de Ecuador, Messi recibe desde atrás y por arriba en el minuto 61, se abre paso entre tres defensas, consigue el espacio entrando al área y activa el gatillo zurdo con suavidad de pianista. La pelota bombeada sobre la carrera va al fondo de las redes. Argentina en ventaja 3-1. Todo estaba consumado.

La muerte de Chile, doblegado por Brasil 3-0, fue dolorosa, en tanto Uruguay, derrotando 4-2 a Bolivia, aseguraba el subliderato con 31 puntos, Argentina tercero con 28,  y Colombia, sobreviviendo al empate 1-1 con Perú, cuarto. El equipo peruano, con 26 puntos, tendrá que disputarle el repechaje a Nueva Zelanda.