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Lo ideal cuando inicias una serie corta en patio ajeno y los pronósticos en contra, es intentar cambiar golpes antes de regresar a casa. Cuando no lo consigues, quedas a la orilla del abismo. Sin tener que ver a Dallas Keuchel y Justin Verlander, los Yanquis tienen la imperiosa necesidad de ganar hoy para evitar deslizarse hacia las profundidades del  pesimismo. Es lo que hicieron frente a los poderosos y crecidos Indios en una serie más corta y consecuentemente de mayor presión consiguiendo hacer reversible un 0-2 adverso. El problema de los Yanquis es que la inutilidad de su bateo se ha acentuado. No es lo mismo 27 outs en dos juegos haciendo circular las pelotas con posibilidades de mover gente, que recibiendo 27 ponches, 14 en el primer juego y 13 en el segundo. Eso ahoga, y es lo que tratarán de evitar frente a Morton hoy y Brad Peacock mañana, usando a Sabathia y Gray como abridores. 

El Punch confiscado

Pese a ese terrible déficit mostrando tal inmovilidad, en ninguna de las dos derrotas, los Astros se han visto distantes de los Yanquis, como lo demuestran los marcadores idénticos de 2-1. Incluso, el colectivo de 159 puntos que presenta el equipo de Nueva York, no se ve ridiculizado por el 190 de Houston, con un jonrón disparado por cada equipo. Pero, además que el ritmo de ponches de los Astros no es alarmante, los más destructivos artilleros yanquis en la temporada, Aaron Judge y Gary Sánchez con más de 80 jonrones y superando las 200 empujadas, están de 14-1 en los dos primeros juegos, sin producir carrera, lo cual mantiene en tinieblas Times Square. El arma esencial, nada secreta de los Astros es la agilidad, con el agregado necesario de atrevimiento. Eso explica su mayor presencia en posiciones de anotar, y la toma de riesgos como la hecha por Altuve.

La osadia de Altuve

El parpadeo de Chapman podía haber pasado desapercibido, si Sánchez no pierde el tiro de Gregorius y saca al corredor Altuve, pero al no ocurrir, fue relevo fallido del cubano, después de 15 relevos sin permitir carrera, agrietando su confianza después de los excelentes trabajos ofrecidos por Kahnle y Robertson. Las dos carreras contra Tanaka en un descuido que posibilitó tres hits con un robo y una extensión, fueron suficientes en el primer juego, y la osadía de Altuve, estableció la diferencia en el segundo…Quedando atrás en el conteo, la mayoría de bateadores yanquis, dan la impresión de intentar batear contra un pitcheo como el de Keuchel o el de Verlander, desde el fondo de un barril. Severino no estuvo mal, aunque sin alcanzar la dimensión de Verlander, quien llegó a los Astros vía Tigres, para ganar sus cinco aperturas y agregar tres más en la postemporada, sin conocer la derrota. ¡Qué clase de adquisición! Un pilar antiterremotos.