•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Ha fallecido Gerardo Barrios después de batallar con una enfermedad tan agresiva como implacable. No pudo gambetear a la muerte el formidable delantero de nuestro futbol a quien vi brillar con intensidad tanto en el Santa Cecilia como en la UCA en los años 60 y el inicio de los 70. Hoy recibirá un homenaje post morten en el Salón de la Fama en el viejo Estadio. Cuando digo que fue un “as” no exagero un centímetro. Aquí se acostumbra enaltecer a quien fallece, agrandándole sus virtudes y sus habilidades y haciendo que sus fallas se desvanezcan. Siempre lo he considerado falta de respeto más que de veracidad, y trato de no desviarme hacia ese terreno. No es el caso de Gerardo Barrios. Quienes tuvimos la suerte de verlo en acción, nos quedamos con esas imágenes imborrables, abrazando los recuerdos.

Así jugaba

Fue un jugador con proyección ofensiva que valía la pena ver. Un jugador de enlace, llamado interior en aquellos tiempos, con la necesaria flexibilidad y astucia para ser desequilibrante, atormentar defensas y mostrar su visión del marco para sacudir las redes. No lo vimos hacer eso solamente entre las limitantes que siempre ha tenido el futbol casero, sino en los duelos internacionales frente a mastines más fieros. En la Selección Nacional funcionó eficazmente a la orilla de dos de los mejores centros delanteros que hemos visto: Salvador “Chava” Dávila y Manuel “Catarrito” Cuadra. En el Cecilia, mucho tiene que agradecerle el pequeño forward Róger “Chichota” Silva, así como en la UCA, el rato que estuvo con Carlitos López, quienes crecieron como artilleros recibiendo pelotas de Barrios. Ahí estaba el artista, aproximándose, entrando al área o adentro, en la zona donde crujen los huesos, realizando sus trazos de maestro de geometría.

No les miento

Lo conocí personalmente cuando estuve militando en la UCA, mirando a muchos de los famosos de esa época en nuestro futbol: Barrios, “Chocorrón” Buitrago, el padre Arríen, “Bazooka” Huete, Emerson Flores, “Camarón” Gutiérrez, y tantos otros que consiguieron el título de Campeones Nacionales en forma invicta en 1968. Para mí, un arquero de tercera o cuarta clase, ese fue un motivo de orgullo. Haber sido compañero de todos ellos. Fue entonces que cultivé amistad con Gerardo quien tenía mi edad. Era usualmente silencioso, muy amable, y como tal, respetuoso, concentrado en su preparación, preocupado por su rendimiento, exigiéndose a sí mismo. Ah, si se tuviera a mano algún video, podrían tener una idea clara de cómo jugaba. Por ahora, los que lo vieron saben que no miento, y los que no lo vieron, pueden creerme o descartar mi punto de vista.