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El estrés que provoca la ansiedad, a veces es asfixiante. Quizás nunca antes como en estos momentos, mientras se aproxima vertiginosamente la inauguración de ese nuevo y reluciente Estadio que llevará su nombre, Dennis Martínez lo ha experimentado. Podría ser un momento de ansiedad, comparable como cuando estaba esperando ser llamado a las Grandes Ligas, y después subir por vez primera a la colina con los Orioles, ser convocado a un Juego de Estrellas o estar en una Serie Mundial. El más grandioso pelotero que hemos tenido y admirado, de pasado tan largo como inagotable, merecedor que se le devuelva un poco de lo que ofreció al juego, como dijo el Comisionado de las Mayores Robert Manfred al recibirlo en su oficina recientemente, llega hoy al país junto con su esposa Luz Marina, seguramente para pedir la pelota y hacer el primer lanzamiento en ese parque que nos parece mentira estar mirándolo. No estará retando a Randy Johnson como en 1995, pero con más de 15 pares de ojos mirándolo, intentará ser un ilusionista dibujando una curva, aunque no sea de aquellas desconcertantes.

Necesita un tour

“Estoy emocionado, muy emocionado por esta distinción, y sobre todo, por conocer el parque. Leí la crónica de tu visita y no conozco nada de lo que describes. Necesito un tour urgentemente”, me dijo ayer desde Miami, mientras preparaba sus maletas, marca “nada que ver”, con aquella valijita un poco chamuscada, cargada de ilusiones, con la que salió en 1974 hacia el campamento de los Orioles en el Biscayne College, para darle inicio a una gran historia. Las emociones, de acuerdo a los retos, momentos y reconocimientos, pueden 

ser diferentes, pero los latidos del corazón son idénticos, y consecuentemente los estremecimientos. Quienes lo conocen, están familiarizados con lo espontáneo de sus reacciones, típicas del que nunca se esconde.

Se sentirá elevándose

El miércoles con una actividad de la empresa Dynfra en la residencia de la Embajada de México en Las Colinas, estrechamente vinculada a la construcción del Estadio, se inicia la agitación alrededor de la inauguración; se anunció hace unos días que el jueves 19, se realizará una actividad protocolaria en el propio Estadio, que supongo sin ser astuto,  necesita de invitación especial; y el viernes, por fin, el sueño convertido en realidad con Dennis Martínez lanzando la primera bola, y como si fuese Remedios en Cien Años de Soledad, sintiendo estar elevándose hacia el cielo. Esa es la noche que la multitud espera. El protagonista es el Estadio, el juego amistoso con Taiwán no interesa mucho. Los aficionados van a estar más pendientes de lo que puedan captar con la vista en sus entornos y hacia donde se muevan, que de lo que ocurre en el terreno. Será la primera de más de mil noches que los esperan a ustedes, instalados cómodamente, para bañarse de las emociones que proporciona el Rey de los deportes.