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De entre las cenizas que fue acumulando con su alarmante inutilidad en el cajón de bateo, salió Aaron Judge bruscamente para jonronear con dos a bordo en el cuarto inning contra el relevista Will Harris. A ese rugido impulsador de tres carreras, que estiró la ventaja yanqui 8-0, hay que agregar dos estupendas atrapadas del seguro Novato del Año; la primera “decapitando” un seguro extrabases de Yulieski Gourriel en el cuarto y la otra sobre un batazo corto de Cameron Maybin, realizando un aterrizaje forzoso corriendo hacia delante, volviendo a levantar al público de sus butacas. Aunque fue el jonrón de Todd Frazier en el segundo, también con dos a bordo, el batazo que proporcionó la necesaria tranquilidad inicial, el estacazo de Judge sepultó las esperanzas de resurgimiento que podía cultivar Houston. Ahora la serie por el banderín de la Americana se encuentra 2-1 con los Yanquis en pie de guerra y Sonny Gray fajándose con Brad Peacock, en busca del ansiado equilibrio antes de salir de Nueva York.

La ventaja facilitada por Frazier, el despertar de Judge con su gran batazo pese a poncharse dos veces, la agresividad sostenida de los Yanquis en la primera mitad del juego, y el pitcheo dosificado y dominante de Sabathia haciendo valer su experiencia y recursos, le permitieron a los de Nueva York evitar entrar en la zona de pánico y presionar a los Astros como lo hicieron con los Indios. La pretensión de voltear la serie no se ve tan viable con Keuchel y Verlander listos para los juegos 5 y 6, pero con la ofensiva revitalizada, si Tanaka y Severino socan tanto o mejor que las faenas registradas en los dos primeros juegos, hay mucho que discutir.  Pocos se percataron del gran trabajo realizado por Collin McHugh con un relevo de diez retirados consecutivos, cuando ya todo estaba consumado.

Superada la anemia

Los Yanquis tuvieron suficiente pitcheo para pelear los dos primeros juegos, aunque no tan hermético como el opuesto por Keuchel y Verlander, quienes mantuvieron drásticamente amordazado el bateo de Nueva York, limitándolo a solo una carrera en cada derrota que sufrieron por 2-1, inclinando la serie al lado de Houston. Esa anemia ofensiva, apenas .159, necesitaba una transfusión de sangre y los Yanquis la obtuvieron temprano, en el cierre del segundo inning frente a Charlie Morton: infield hit de Castro con dos outs y cohete de Hicks prepararon el escenario para el jonrón de Todd Frazier a las tribunas derechas, sin completar el swing. No fue un trancazo, ni su recorrido fue de gran trazado, simplemente medido, lo necesariamente largo para superar la barda detrás del esfuerzo de Reddick. El jonrón de tres carreras, batazo superdañino, adelantó a los Yanquis.

Los Astros intentaron enviar rápidamente una señal de vida con una línea de Gourriel, que amenazó ir hacia las graderías de la derecha, pero Judge, en espectacular persecución con un radar oculto, y estrellándose contra la pared, atrapó milagrosamente la pelota, quitándole al veterano pelotero cubano que disparó 18 jonrones con 75 remolques y .299 de average, la posibilidad de agrietar el pitcheo de  Sabathia. La urgencia de cortar intentos de rebelión impulsó a los Yanquis a darle forma a una arremetida de cinco carreras en el cuarto, iniciada por doble de Greg Bird y coronada por el jonrón de Judge, para establecer una distancia muy difícil de borrar, aún teniendo presente lo imprevisible que es el beisbol. El difícil scone colgado por Sabathia en el sexto fue como un sellador de la victoria sin sobresaltos en la recta final, pese a los grandes batazos de Correa y Gourriel, muy bien fildeados por Hicks.