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Tres paradas salvadoras de Keylor Navas evitaron la derrota de un Real Madrid sin puntería ante el Tottenham en el Santiago Bernabéu (1-1), en el cuarto tropiezo en seis partidos de local esta temporada del equipo de Zinedine Zidane, que disparó en trece ocasiones y solo fue capaz de marcar de penalti.

El Real Madrid se ha convertido en el Santiago Bernabéu en un equipo tan dominador como impredecible. Después de las lecciones ligueras ante Betis, Valencia y Levante, con pinchazos de los que se debía aprender, llegaba la primera “final de grupo” como la bautizó Zidane en Liga de Campeones ante un Tottenham parapetado en defensa de cinco pero que supo hacer sufrir al campeón de Europa.

Nacía un partido trepidante con el ritmo esperado entre dos equipos que aseguraban espectáculo ofensivo. La defensa de cinco de Mauricio Pochettino con Vertonghen chirriando de lateral izquierdo sin recorrido era un mensaje engañoso. El peligro arriba lo representaba Kane, escoltado por Fernando Llorente, y Aurier fue un peligro continuo por el costado derecho.

Kane avisó con un testarazo picado tras córner ante el que se lució Keylor Navas, rápido de reflejos. Cada saque de esquina era rematado por un Tottenham con más centímetros. Fernando Llorente esperaba la suya y, mientras, pedía penalti en una clara acción para marcar. Casemiro tocaba balón y arrastra al delantero.

Los amagos acabaron en golpe y a los 28 minutos la enésima subida de Aurier con centro, lo buscó Kane sin éxito y en la marca fue Varane el que impulsó sin querer el balón dentro de su propia portería. Otro partido con el viento en contra para el Real Madrid. No había noticias de Isco y su equipo echaba de menos su magia.

Igualdad

Apareció para asociarse con Cristiano y probar a Lloris. Era el inicio de las oleadas blancas. Subidas de Marcelo, otro fallo en el remate de Benzema tras pase milimétrico de Modric y un golpe de efecto antes del descanso. Kroos era derribado dentro del área por Aurier y Cristiano chutaba con seguridad, engañando a Lloris.

Asomaba una segunda mitad de alta intensidad con el Real Madrid saliendo por el triunfo y una posterior reacción del Tottenham para acariciar la proeza. Se mantuvo gracias a la seguridad de Lloris y el error en el remate de Benzema. Su tercera clara llegaba a los 53 minutos y cabeceaba centrado para ver cómo su compatriota evitaba el gol con las piernas y teñía de negro su noche.

El campeón andaba medio noqueado, sin encontrar vías de entrada ante la solidaria defensa inglesa. La aparición de Marcos Asensio, que chutó el primer balón que tocó, y la posterior entrada de Lucas no cambiaban el panorama. El Real Madrid tiene un problema en el Bernabéu al que debe buscar soluciones futbolísticas con urgencia.