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Ver a los Yanquis hacer desaparecer ese 4-0 adverso con rapidez, violencia y precisión, en la recta final, fue algo surrealista. No, fue algo alucinante. Un súbito bombardeo y los Yanquis, que se habían acercado 2-4 en el séptimo con el jonrón de Judge y el triple de Gregorius, terminaron de darle vuelta a la pizarra en el octavo, con una de esas arremetidas propias de las épocas de Ruth y Gehrig, de Mantle y Maris, de Munson, Reggie y Chambliss, capaces de no dejar piedra sobre piedra. El roletazo impulsador de Gardner y el doblete de Judge contra la pared del jardín izquierdo empataron el juego 4-4. Doble de Gary Sánchez, saliendo de un letargo alarmante, produjo otras dos carreras y los Astros, incluido el rey Sol, se apagaron. Los Yanquis pasaron al frente 6-4 con la escopeta de Chapman lista para el remate y no lamentaron dejar las bases llenas con un out. No necesitaban más.Jonrón y doble de Aaron Judge, así como doble de Gary Sánchez, fueron los batazos que hicieron girar la pizarra, volteando un 4-0, permitiéndole a los neoyorquinos salir del hoyo para imponerse 6-4 a los Astros

Ciertamente no parecía ser justo ver a los Astros en ventaja 4-0 con tanta comodidad. Con solo un hit fabricaron tres carreras en el sexto y, por un error de Starling Castro, agregaron otra en el séptimo, dando la impresión que tenían asegurada su tercera victoria en la serie con Keuchel listo para sacar del escenario a los Yanquis. Las ilusiones de la multitud en Nueva York, sostenidas durante cinco entradas por el pitcheo de Sonny Gray, estaban rotas. Ver fallar al estelar aplicafrenos David Robertson, víctima de la cuchillada limpiabases del cubano Yulieski Gourriel, impulsando tres carreras, y también a Chad Green afectado por uno de los tres errores de Starling Castro, solo hacía pensar en los escombros de Pompeya y Herculano. El doble de Gourriel, apenas el segundo imparable de los Astros, tenía un mayúsculo significado. Y en el noveno, tan indefenso que lució ponchándose ante su compatriota, Chapman.

Supo fajarse McCullers

Levanten la mano quienes esperaban el resurgir de un equipo limitado a solo un hit en las seis primeras entradas frente a Lance McCullers Jr., sin poder darle forma a por lo menos una posibilidad de anotar. No, no me incluyan. Al amanecer de hoy, la incredulidad aún estaba a la orilla de mi almohada. El jonrón abridor de Judge en el séptimo obligó a retirar a McCullers, el tirador de 24 años que estuvo fuera de acción entre el 30 de julio y el 6 de septiembre, luciendo frágil en sus tres trabajos de septiembre. La decisión de abrir con McCullers fue sorprendente, porque todas las flechas apuntaban a Brad Peacock. Cuando Judge fue al bate, McCullers estaba crecido al nivel de Keuchel y Verlander, pero el estacazo del novato yanqui quebrando el cero, asustó al mánager Hinch.

El bullpen de Houston naufragó estrepitosamente. Devenski no funcionó, tampoco Musgrove, ni Ken Giles, el más confiable, cerrando el sufrimiento Gregerson, dominando a Hicks y Frazier con bases llenas. Por los Yanquis, la presencia de Chapman en defensa de la ventaja de dos carreras fue un factor de seguridad. La serie continúa hoy en Nueva York, esperando que los abridores del primer juego Dallas Keuchel y Masahiro Tanaka regresen a la trinchera. Nadie pensaba que esto iba a ser fácil.